martes, 27 de diciembre de 2011

Amor y dolor


"El dolor de amar involucra profundamente a toda la persona, como si fuese una herida abierta. La sensación psicológica de unión —aún más, de identificación al principio— con el otro, hace del  amado el centro de nuestra vida, casi una parte de uno mismo. Debido a eso, el amante es indeciblemente vulnerable a cualquier ausencia o deficiencia del amado: Aun cuando el otro permanezca a nuestro lado por toda la vida, el sentido de su presencia variará, porque los lazos emocionales son fluctuantes, llenos de contradicciones. Esto genera dolor porque la ausencia puede ser sentida como la pérdida de una parte vital de nuestro propio ser. En el estado amoroso, al menos en sus primeras fases, nuestra constitución física cambia; en la unión con el amado, nuestro metal se transforma, creamos una nueva aleación. Sin embargo, esta fusión puede perderse en cualquier momento, y nos asedia la angustia." (R. Kreimer)

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