Videoclase (Ockham, el nominalismo, razón y fe, ciencia y teología)

La filosofía de por sí puede cambiarnos la vida. Todos somos filósofos, solo tenemos que ejercer lo que somos. Cuando relaciono los términos "filosofía" y "terapia" no es tanto porque crea que exista una terapia filosófica como una alternativa a otros tipos de terapia, sino porque pienso que la filosofía en sí misma es terapéutica.
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jueves, 16 de enero de 2014
miércoles, 15 de enero de 2014
Fatalidad y razón: la trama de un destino ineludible. (Por Óscar Gómez)
El sentido que la fatalidad nos impone puede ser
descrito como un irremediable curso de acción que nos vemos obligados a seguir
o que ocurrirá independientemente de nosotros. Este destino ineludible atañe al
universo en general y se puede apreciar en todas las clasificaciones
socialmente predispuestas como pueden ser el mundo físico, psíquico o social,
por eso dentro de un orden naturalizado, el individuo solo escaparía del
fatalismo si rompe epistemológicamente con las categorías heredadas de
pensamiento porque necesita pensar el mundo de manera diferente para no caer en
la inevitabilidad de la acción. No obstante, las herramientas con las que
cuenta un sujeto, que son de procedencia cultural, se mantienen predispuestas
ya para el fatalismo al señalar de antemano los fines por los que guiarse. La
naturaleza también requiere ser interpretada e impone necesidades que han de
ser satisfechas de un modo u otro. Estas dos diferenciaciones básicas, lo
natural y lo cultural -laderas de la misma montaña- imponen sus condiciones, lo
cual explica la existencia de que culturas distintas estén determinadas por
fines parecidos pero que a la vez se pueda advertir su diferencia. Por eso,
para el mantenimiento del fatalismo y su entramado son necesarios el
dolor y el miedo, ya que si se rompiera con ese camino marcado, se
padecería el aislamiento social y la pérdida de la autosuficiencia. De ahí su
relación con el pesimismo, de la creencia en la imposibilidad de encontrar una
salida vital desde la perspectiva individual en un mundo colectivo, ya que pesa
más la realidad que los sentimientos individuales que esa realidad suscita, con
lo cual la vida pierde valor en favor de los elementos del orden naturalizado
que conforma la realidad. Se comprende por ello que el
fatalismo está íntimamente ligado con el concepto de realidad. Ésta
se concibe inmóvil o extraña, ajena, fuera de nuestra capacidad de acción. Por
eso se vive la historia como algo pasivo o como una especie de
engranaje de una gran máquina que mueve el mundo y de la cual el ser humano es
sólo una pieza que mueve o que es movida. La lucha contra la
fatalidad pone en juego la posibilidad de existir más allá de la
función social o de la generalidad, atribuyendo al concepto de poder una
posición fundamental pues solo quien puede logra transformar la
realidad. Por eso, revolverse contra la realidad es visto como cosa de quijotes
o de héroes. Los primeros han perdido la cordura, ven lo que no hay, confunden
las cosas. Son objeto de burla o compasión. Los segundos se mueven
entre la fortaleza y la debilidad, ganan o son derrotados. Son
objeto de reverencia o de abandono. Ambos cuentan con las consecuencias que he
expuesto más arriba, la posibilidad de la soledad y la posibilidad de la
pobreza. Estas dos formas juntas pueden dar lugar a una situación de
indigencia.
Desde el punto de vista individual, el fatalismo se expresa mediante
enunciados que acentúan las cosas inevitables que suceden en la vida. Frases
como <<¿Qué le vamos a hacer?>> ; <<la vida es así>>
o <<así son las cosas>>, también con la recurrencia a conducir las
experiencias al modo de ser normal y a explicar la propia conducta con las
referencias narrativas ofrecidas por los medios de difusión cultural (por
ejemplo, la crisis). El mundo objetivo que causa dolor y su razón
conectan de esa forma con el mundo subjetivo y su razón por el cual el
individuo y el orden naturalizado se complementan. La fatalidad justifica en
cierto sentido al individuo <<¿Qué va a hacer él si se ha encontrado este
estado de cosas?>> <<¿Qué puede hacer él si carece de
medios?>> Es necesario, por tanto, confianza en el orden porque el
fatalista, al sentir la impotencia por su falta de medios y sus carencias como
individuo, acaba relegado a la pasividad o a dejarse llevar (y es pasividad
también la del agente que como sujeto del orden actúa como
programado, es decir, adaptado a unas condiciones y aceptando unas reglas,
afianzando el orden). El fatalismo convierte la realidad en una especie de
sueño persuasivo, doloroso y triste en la que sólo existe un posible
desarrollo de los hechos. De ahí que el fatalista, mirando siempre en el
presente centre su atención al futuro porque es el futuro que confía que se
cumpla, como una profecía, el que confirmará su ineludible situación actual, su
aquí y ahora. No es extraño la importancia que la suerte tiene para él, ya que
esta cambia su situación dentro del entramado en el que se encuentra, es decir,
cambia el estado de cosas, de manera que el <<así son las cosas>>
puede cambiar su connotación valorativa. Pero sigue siendo fatalidad porque
sigue sin participar en los hechos y las consecuencias de sus actos no son sino
actos de fortuna.
En fin, lo que encontramos es una relación del ser con el deber en la que hay
un horizonte temporal al que debemos tender en virtud de la
realidad. El individuo vive con miedo y con frases de resignación
legitima el mundo asegurando el horizonte al que tiende. La crueldad de la
realidad, su cumplimiento inexorable e inmediato, acaba por ser la verdad y
toda verdad es determinante para la acción, aunque no para la vida, porque
justifica las acciones que emprendemos como las únicas posibles. Al deducir de
la realidad una única alternativa el fatalista concibe un mundo perfectamente
hilado. De forma parecida a los antiguos, quienes creían en las Moiras o en la
Providencia, hoy creemos en las Leyes que son descubiertas
por los científicos o elaboradas por los políticos. Las leyes son hoy el hilo
con que tejemos el destino del orden. Pensemos que hasta la libertad y la
igualdad cuentan con leyes que las describen y valoran. Para el
individuo, el fatalismo es consecuencia de una elección fatal (que no es
pensada como tal), de una elección que elimina otra y de la que ya no se puede
volver atrás, una única elección que condiciona todas las demás y que
<<toca vivir>>. De ahí, que cuando se abandona el fatalismo,
rompiendo con su concepción del mundo, lo que aparece es un horizonte de
incertidumbre, ya que desconocemos muchas de las consecuencias de nuestros
actos. El primer paso es el reconocimiento y el segundo la exploración. Es
normal entonces errar porque caminamos por lo desconocido y nos falta
experiencia. No faltará juez que sentencie que hay mucho trecho de la teoría a
la práctica o que no es posible trasladar la poesía a las matemáticas. Aquí se
pilla al fatalista –o al cínico que quiere imponer una fatalidad a los demás-
pues su mundo es en realidad un conjunto de fuerzas ya predispuestas que lo
construyen, fuerzas que pueden conocerse y usarse como se usan las matemáticas
(así es la vida, el estado de las cosas), como unas condiciones de existencia
que exigen solo un tipo de pensamiento. Este pensamiento describe su mundo como
el verdadero y el válido. Necesita descubrir la trama que le envuelve, sus
leyes y su lógica, sus disposiciones y sus relaciones porque desde una
perspectiva objetivista la fatalidad es consecuencia de una trama que se impone
como destino ineludible.
domingo, 12 de enero de 2014
Sobre el amor y el dolor. Por Sofía Pavón.
Estoy de acuerdo contigo Eduardo en que no puede haber amor sin
dolor. Como dice Badiou, " El amor no puede ser ese don que se hace a la
ausencia total de riesgos"; el dolor es uno de los riesgos del amor. Es
mas, considero el dolor como una parte fundamental del amor, ya que lo hace mas
fuerte, mas profundo.
Tal ves este estudio no es para definir el amor, pero sería
importante saber de qué tipo de amor se está hablando. Me gustaría ser tan
optimista para pensar que en las relaciones de pareja "amamos a quien nos
ama y viceversa". Siento que son pocos los afortunados que gozan de un
amor duradero como al que se refiere Badiou, que sea completamente recíproco,
un amor que a veces empieza como el amor loco de André Breton. En la mayoría de
los casos uno ama mas que el otro o uno ama y el otro quiere; es cierto que en muchos
de estos casos la relación comienza por el miedo a la soledad de uno, como tu
nos adviertes. Aun así esto significa que el verdadero amor de pareja no es un
sentimiento que todos conocemos. Pero en
la segunda mitad de nuestra vida, vale la pena preguntarse: ¿Qué quiero? ¿Vivir
en soledad hasta el final o compartir mi vida con alguien que tenga mis mismos
intereses, aunque no lo ame?
Si
por el contrario estamos hablando de amor universal, amor a los hijos, a la
pareja, al prójimo, estoy totalmente de acuerdo de que el amor es el único camino
a la felicidad. Es triste la filosofía de vida de A. Schopenhauer cuando dice
"La vida nos engaña continuamente-- no da mas que para quitar lo que
da". No se puede esperar nada de la vida si uno no da antes, dar amor a
nuestros hijos, a nuestros padres, a la pareja, al necesitado, porque al final
recibiremos mucho más amor y por consiguiente felicidad a cambio.
Sofía Pavón
jueves, 9 de enero de 2014
Felicidad e infelicidad: claroscuro de la existencia humana.
Podríamos afirmar sin ambages que el sentido de la existencia humana viene
determinado por la búsqueda de la felicidad. A la pregunta fundamental del ser
humano: ¿cuál es el sentido de mi propia existencia? podemos responder que el
sentido de la existencia consiste en buscar la felicidad. Y nuestra vida tendrá
mayor o menor sentido en función de las cotas de felicidad alcanzadas. Sin embargo, son necesarias algunas aclaraciones. No se debe buscar la felicidad como
algo que existe previamente. No existe nada que podamos considerar la felicidad
ideal, ni tampoco nada que nos la pueda proporcionar. No hay ni fórmulas
preestablecidas ni doctrinas filosóficas absolutamente válidas. Pueden existir
propuestas que de alguna manera nos dan pistas, pero la felicidad no es algo que se
encuentra como si lo hubiéramos perdido o una cima que ya estaba ahí y que – con mayor o menor esfuerzo - solo tenemos que alcanzar.
Nuestra felicidad la construimos (o la destruimos) nosotros mismos a partir
de “momentos de felicidad”. Hay algunos momentos, algunas situaciones muy
concretas en los que nos sentimos completamente felices. Pasar por alto estos
destellos de felicidad total, obnubilados por la búsqueda de la felicidad
permanente, es un grave error. La principal
traba que tenemos para alcanzar la ansiada felicidad la ponemos nosotros
mismos, ya que, erróneamente, ciframos la felicidad en poseer algo (o a alguien), o en creer que
se puede llegar a una felicidad completa (hay quienes creen, incluso, que esto se consigue en una vida después de la muerte). Estos son los
verdaderos obstáculos de la felicidad.
La felicidad está en uno mismo y no en las
circunstancias. Debemos poseer “la mitad más uno” de las acciones de nuestra
vida. Si la mayoría de las acciones las tienen las circunstancias, seremos muy
infelices porque no seremos libres. Para ser feliz es imprescindible valorar lo
que uno tiene y no sentirse desdichado por lo que no se tiene. De este modo se
sienten infelices y no saben que se encuentran en esta situación a causa de su
propia “filosofía”, que juega en su contra. Si cambiamos nuestra
filosofía, en las mismas circunstancias, nuestra vida puede cambiar y sentirnos
más felices, porque, al fin y al cabo, en una buena medida ser felices es
“sentirnos felices”. La felicidad no deja de ser un estado de ánimo subjetivo. Pero la felicidad individual es imposible si no es en el
seno de una sociedad de hombres libres. No se puede ser feliz en una sociedad
de hombres infelices a causa de la opresión, la explotación y la pobreza.
Felicidad no significa ausencia de pena o dolor. La
felicidad está en el cumplir con el deber y en amar lo que uno hace. La felicidad está en el saber vivir. Su
posibilidad va implícita en nuestra propia filosofía de la vida. Sin embargo es
necesario intentar hacer explícito el camino que nos conduce a ella. Según Kant, la felicidad es una "idea de la imaginación" a la que
debemos darle contenido –porque por sí misma no lo tiene.
Al final de su camino Pablo Neruda pudo decir: confieso que he vivido. Vivir, haber vivido, en esto consiste la felicidad.
Necesidad de una práctica filosófica real. (Por Alberto Cerezo)
La cuestión es si realmente significa algo obtener un título si no es para dedicarse a la docencia (que visto lo visto, terminará desapareciendo) o para enseñárselo a los amigos. Lo paradójico es que mientras uno se dedica a la carrera de filosofía se le va pasando el momento filosófico a diario y creo que necesitamos, escribir, hablar, hacerla dialógica, porque una filosofía no compartida creo que es filosofía muerta o cae en el onanismo puro.
La UNED es la gran muestra de que el alumno necesita únicamente orientación sobre qué leer y respecto a qué temas. Es de gran importancia pensar hablando y más aún ordenarse escribiendo, haciendo todo palpable, presente. El fin de la carrera no puede ser la tesis y el doctorado. Por no hablar de la selección sesgada tanto de autores como de materias, como explica Onfray - en lo que estoy de acuerdo. Creo en las implicaciones existenciales de la filosofía y en su legado ético, en la formación del individuo creativo.
Eduardo, si es posible organizarse, organizar una suerte de "universidad" paralela, puedes contar conmigo (y seguramente con muchos más). Ya que a pesar de tener el tiempo justo, necesitamos de la práctica de la filosofía y de la lectura real de los textos.
Alberto Cerezo
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miércoles, 8 de enero de 2014
viernes, 3 de enero de 2014
Cómo participar en nuestra comunidad de amigos
Nuestra Comunidad Filosófica está creciendo y en varias
direcciones. Como decía meses atrás –cuando la constituimos- la base de este
grupo es el curso Filosofía como Terapia que desarrollo en la UNED. Por tanto,
la mayoría de este grupo de amigos ("amigos" en el sentido epicúreo) han sido o
son alumnos míos.
Dada la dispersión geográfica en que nos encontramos (por
todo el territorio español, América Latina y Europa) decidí poner algunos
espacios virtuales de comunicación. Pero la “virtualidad” solo alcanza al medio
a través del cual nos comunicamos más frecuentemente, ya que nuestra comunidad
es real y formada por personas concretas, la mayoría de los cuales, salvo
excepciones, nos conocemos de una manera directa y hemos participado en
diversos encuentros.
En la medida en que tenemos diversos foros de comunicación,
existen también distintas maneras de participar. Voy a enumerarlas por si
resulta de utilidad a los/as amigos/as más recientes.
- Foro del curso UNED La Filosofía como Terapia (2013/2014). Se encuentra en el Campus UNED y se utiliza la plataforma ALF. Aquí solo figuran las personas que han formalizado su matrícula en la UNED y han sido dados de altas por la propia universidad.
- Grupo privado de Facebook titulado La Filosofía como Terapia, curso 2013/2014. Este es un grupo "cerrado" asociado al foro oficial de la UNED en el que podrán darse de alta con carácter optativo los alumnos de la edición actual del curso y en el que también figuran algunos alumnos de ediciones pasadas. En realidad este foro ha sido creado para que puedan continuar participando alumnos de cursos anteriores (colaboradores habituales), ya que ahora la UNED no permite que sean invitados quienes no hayan efectuado la matrícula (antes sí era posible).
- Existe una página en Facebook en la que se comparte información titulada Filosofía y Terapia que es abierta y en la que hay más de 1200 seguidores (es interesante para contactar con personas de intereses similares).
- También hay un grupo cerrado de facebook Titulado Prof. Eduardo Agüero Mackern. Exalumnos y alumnos, que surge simplemente como un registro de personas que han pasado por mis aulas, aunque también, de vez en cuando iré compartiendo alguna información.
- Por último, existe este foro en donde publico diversa información, incluidos enlaces a videos de algunas clases mías y un segundo foro Grupo Filosofía como Terapia en el que figuran diversos autores (miembros de nuestra comunidad) que pueden publicar libremente.
Espero no haberos confundido más... Resumiendo: hay varias
maneras de participar o simplemente, de "estar" para recibir información. (Hay que tener en cuenta que, por ahora, la
mayoría de mis intervenciones estarán relacionadas con mis cursos actuales de
la UNED, tanto de Formación Permanente, como de Grado y Acceso, pero abiertas,
de un modo u otro, a todos).
Por favor, si tenéis dudas sobre vuestras posibilidades de participación, podéis dejarme un mensaje aquí, escribirme e, incluso, solicitar una cita telefónica.
En definitiva, de lo que se trata es de promover el libre debate filosófico en todos los ámbitos, ya que en la actualidad hace más falta que nunca.
¡Feliz 2014!
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