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sábado, 17 de diciembre de 2011

Los textos filosóficos clásicos.


“Lo que caracteriza la gran mayoría de los escritos filosóficos de la Antigüedad es que se corresponden con un juego de preguntas y de respuestas, porque la enseñanza de la filosofía se presentaba, casi siempre, según el esquema pregunta-respuesta. Se trataba siempre de responder, por parte del maestro, a una pregunta planteada por el discípulo o el interlocutor. De esta forma, la enseñanza se planteaba en gran parte en forma de diálogo. Esta cultura de la pregunta también siguió subsistiendo en la Edad Media.

Como los escritos filosóficos están siempre estrechamente ligados a la enseñanza, las preguntas y respuestas se dan en función de las necesidades de los interlocutores. El maestro que se expresa conoce a sus discípulos y lo que saben y no saben, su estado moral, los problemas que se les plantean. A veces, incluso, habla en función de cada situación particular. Estamos ante escritos en función de algo más o menos circunstancial y no ante una expresión de carácter absolutamente universal.

En la Antigüedad la filosofía es esencialmente diálogo, se trata de una relación viva entre personas.

Actualmente se ha perdido la concepción de la filosofía como forma de vida, como elección de vida y también como terapia. Se ha perdido el aspecto personal y comunitario de la filosofía. La filosofía se ha hundido cada vez más en un vía puramente formal, en la búsqueda a todo precio de la novedad en sí misma: se trata de ser lo más original posible, produciendo un discurso lo más complicado posible. La construcción más o menos hábil de un edificio conceptual se convertirá en un fin en sí mismo. De este modo, la filosofía se ha ido alejando cada vez más de la vida concreta de las personas. Este desvarío se debe, en parte, a la estrecha perspectiva de la mayoría de las actuales universidades que preparan alumnos en el estudio de un programa que les permita obtener un título de funcionario de la enseñanza. La relación personal y comunitaria desaparece para dar lugar a una enseñanza que se dirige a todos, es decir, a nadie. Habría que volver al carácter  dialógico de la filosofía y por ende a la forma dialógica de la enseñanza: al estilo de las escuelas antiguas, organizadas para vivir la filosofía en común.

Las obras filosóficas de la Antigüedad no se escribieron para exponer un sistema sino para producir un efecto de formación: el filósofo quería hacer trabajar los espíritus de sus interlocutores para ponerlos en una disposición determinada”.  (Pierre Hadot)

LECTURAS DE FILOSOFÍA: ESTOICISMO
“El alma recta, buena, grande… puede encontrarse tanto en un caballero romano, o en un liberto, como en un esclavo. ¿Qué son, en efecto, caballero, liberto, siervo? Nombres dados por la ambición o por la justicia. Pero desde cualquier ángulo es posible lanzarse hacia el cielo. El camino de la virtud no se halla vedado a nadie; está abierto para todos… libres, libertos, esclavos, reyes, desterrados. No elige casa ni censo; se contenta con el hombre desnudo. Yerra quien cree que la esclavitud penetra todo el hombre: la mejor parte se halla exceptuada de ella: los cuerpos se hallan sujetos y consignados al amo, pero el alma permanece dueña de su derecho propio… no puede darse esclavitud. Todo lo que deriva de ella es libre: ni nosotros podemos mandar en todo, ni los siervos están constreñidos a obedecer en todo.” (Séneca: Epístola a Lucilio, 20)
“Creen Zenón, Cleanto y Crisipo que la sustancia se transmuta en fuego tanto como en semilla, y de esto, se cumple de nuevo una ordenación exactamente igual a la anterior. Dicen los estoicos que cuando los astros en su movimiento hayan tornado al mismo signo y a la propia longitud y latitud en la que se encontraba cada uno al principio, cuando por primera vez se constituyó el universo, en esos ciclos de los tiempos se cumple una conflagración y destrucción de los seres; y de nuevo, desde el principio, se retorna al mismo orden cósmico; y de nuevo, moviéndose igualmente los astros, cada suceso acaecido en el ciclo precedente, vuelve a cumplirse sin ninguna diferencia.” (Estobeo, Eclogae, I, 171, 2)  
“Dicen que la virtud es una disposición interna del alma, concorde consigo misma para toda la vida; una disposición interna, constante y conforme que convierte en loables a aquellos en los cuales se halla; por esto la perfecta virtud es una igualdad de vida y una forma de vida en todo y por todo en armonía consigo mismo: lo que no puede darse si no se posee la ciencia de las cosas y el arte, por los cuales se conocen las cosas humanas y las divinas.” (Séneca, Epístola a Lucilio, 31, 8)
“Dice que algunas de las obligaciones son perfectas, y las llaman también acciones rectas; rectas son las acciones conformes a la virtud, como el ejercer prudencia o justicia (Estobeo, Eclogae, II, 7, 8, 85)
 El mal… tiene una razón propia: porque también él nace, en cierto modo, según la razón de la naturaleza, y, por así decir, no nace sin utilidad para el todo: pues de otra manera no existirían los bienes. Crisipo dice en el libro IV de la Providencia: … no es posible en absoluto ser más rudo que éstos, los cuales creen que hubiesen podido existir los bienes, sin que, conjuntamente, existiesen también los males. Pues siendo los bienes contrarios a los males, es necesario que ambos opuestos se mantengan sostenidos recíprocamente como por mutuo y contrario esfuerzo: pues no se da contrario (por contrario que sea) sin el otro contrario.” (Gelio, Noches áticas, VII, 1)

martes, 27 de septiembre de 2011

Dios

En la historia del pensamiento nos encontramos a menudo con la ingenuidad de atribuir a Dios nuestros prejuicios éticos o estéticos. Cuando encontramos alguna ley natural que nos halaga o satisface, nos sentimos inclinados a pensar que es una prueba de la existencia de Dios. Vanidosamente, el ser humano piensa que solo una divinidad puede conformar sus gustos.
No veo por qué -sin embargo- algo que satisface la pobre y limitada mente del hombre ha de ser forzosamente obra de dioses. Vanidad semejante a la que experimentamos cuando un autor nos parece inteligente porque piensa como nosotros. (E. Sábato)

lunes, 10 de enero de 2011

Filosofía y terapia

La filosofía de por sí puede cambiarnos la vida. Todos somos filósofos, solo tenemos que ejercer lo que somos.
Cuando relaciono los términos "filosofía" y "terapia" no es tanto porque crea que exista una terapia filosófica como una alternativa a otros tipos de terapia, sino porque pienso que la filosofía en sí misma es terapéutica. El hecho de saber identificar los problemas y poder, acorde con esto, buscar una salida es verdadera y eficazmente "curativo". El saber es lo que posee una fuerza terapéutica.
(Por favor, expresad vuestra opinión. Es importante. Aquí aprendemos los unos de los otros).

lunes, 27 de diciembre de 2010

El arte de amar.

¿ES EL AMOR UN ARTE?
Quien no conoce nada, no ama nada. Quien no puede hacer nada, no comprende nada. Quien nada comprende, nada vale. Pero quien comprende también ama, observa, ve... Cuanto mayor es el conocimiento inherente a una cosa, más grande es el amor... Quien cree que todas las frutas maduran al mismo tiempo que las fresas nada sabe acerca de las uvas. (PARACELSO).
¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno "tropieza" si tiene suerte?
Suponer que no hay nada que aprender sobre el amor, radica en la confusión entre la experiencia inicial del "enamorarse" y la situación permanente de estar enamorado, o, mejor dicho, de "permanecer" enamorado. Si dos personas que son desconocidas la una para la otra, como lo somos todos, dejan caer de pronto la barrera que las separa, y se sienten cercanas, se sienten uno, ese momento de unidad constituye uno de los más estimulantes y excitantes de la vida. Ese milagro de súbita intimidad suele verse facilitado si se combina o inicia con la atracción sexual y su consumación. Sin embargo, tal tipo de amor es, por su misma naturaleza, poco duradero. Las dos personas llegan a conocerse bien, su intimidad pierde cada vez más su carácter milagroso, hasta que su antagonismo, sus desilusiones, su aburrimiento mutuo, terminan por matar lo que pueda quedar de la excitación inicial. No obstante, al comienzo no saben todo esto: en realidad, consideran la intensidad del apasionamiento, ese estar "locos" el uno por el otro, como una prueba de la intensidad de su amor, cuando sólo muestra el grado de su soledad anterior.
Esa actitud -que no hay nada más fácil que amar- sigue siendo la idea prevaleciente sobre el amor, a pesar de las abrumadoras pruebas-de lo contrario. Prácticamente no existe ninguna otra actividad o empresa que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectaciones, y que, no obstante, fracase tan a menudo como el amor. Si ello ocurriera con cualquier otra actividad, la gente estaría ansiosa por conocer los motivos del fracaso y por corregir sus errores -o renunciaría a la actividad-. Puesto que lo último es imposible en el caso del amor, sólo parece haber una forma adecuada de superar el fracaso del amor, y es examinar las causas de tal fracaso y estudiar el significado del amor.
El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor es un arte, tal como es un arte el vivir. Si deseamos aprender a amar debemos proceder en la misma forma en que lo haríamos si quisiéramos aprender cualquier otro arte. (Erich Fromm, El arte de amar).
¿Qué opináis? (Creo que podéis escribir en este mismo blog)

miércoles, 22 de diciembre de 2010

La filosofía puede cambiarnos la vida

Felicidad y sufrimiento: claroscuro de la existencia humana.



Podríamos afirmar sin ambages que el sentido de la existencia humana viene determinado por la búsqueda de la felicidad. A la pregunta fundamental del ser humano (¿cuál es el sentido de mi propia existencia?) podemos responder que el sentido de la existencia consiste en buscar la felicidad. Y nuestra vida tendrá mayor o menor sentido en función de las cotas de felicidad alcanzadas.
Son necesarias algunas aclaraciones. No se debe buscar la felicidad como algo que existe previamente. No existe nada que podamos considerar la felicidad ideal, ni tampoco nada que nos la pueda proporcionar. No hay ni fórmulas preestablecidas ni doctrinas filosóficas absolutamente válidas. Pueden existir propuestas, frases hechas, slogans que de alguna manera nos dan pistas. Pero la felicidad no es algo que se encuentra como si lo hubiéramos perdido o una cima que ya estaba ahí y que  –con mayor o menor esfuerzo-  solo tenemos que alcanzar.
Nuestra felicidad la construimos (o la destruimos) nosotros mismos a partir de “momentos de felicidad”. Hay algunos momentos, algunas situaciones muy concretas en los que nos sentimos completamente felices. Pasar por alto estos destellos de felicidad total, obnubilados por la búsqueda de la felicidad permanente es un grave error.
Podemos encontrar la felicidad en las pequeñas cosas, en los pequeños detalles, en algunos momentos, en determinadas situaciones  que ocurren todos los días. La felicidad consiste en dar a cada cosa su justo valor y nunca más del que tienen.
Cada día al despertarme lo hago iempre con la convicción de que algo nuevo me ocurrirá. Y empiezo el día con la ilusión de saber que no hay ningún día igual a otro. Quizás la principal traba que tenemos para alcanzar la ansiada felicidad la ponemos nosotros mismos. Dos equivocaciones: a) cifrar la felicidad en poseer algo (algo material o un determinado status social o económico) o a alguien. b) Creer que se puede llegar a una felicidad completa y permanente. Incluso hay quienes creen que esto se consigue en una vida después de la muerte. Estos son los verdaderos obstáculos de la felicidad.

La felicidad está en uno mismo y no en las circunstancias. Debemos poseer “la mitad más uno” de las acciones de nuestra vida. Si la mayoría de las acciones las tienen las circunstancias, seremos muy infelices porque no seremos libres. Para ser feliz es imprescindible valorar lo que uno tiene y no sentirse desdichado por lo que no se tiene. Muchas veces nos sentimos infelices porque nos comparamos con los demás a quienes imaginamos mucho más felices de lo que  son en realidad.
Hay quienes buscan afanosamente la felicidad sin ser capaces de darse cuenta que tienen lo necesario para ser felices al tener posibilidades de conseguir importantes momentos de felicidad. De este modo se sienten infelices y no saben que se encuentran en esta situación a causa de su propia “filosofía” que les juega una mala pasada. Si cambiamos nuestra filosofía, con los mismos ingredientes nuestra vida puede cambiar y sentirnos más felices, porque, al fin y al cabo, en una buena medida ser felices es “sentirnos felices”. No deja de ser un estado de ánimo subjetivo. A veces, incluso aprendemos a reconocer la felicidad (los momentos, los periodos de felicidad) cuando la hemos perdido.
Según Aristóteles la felicidad se consigue persiguiendo la bondad de nuestros actos y buscando la virtud en nuestro crecimiento como personas. La verdadera felicidad consiste en obrar el bien, en los demás y en nosotros mismos.
La felicidad individual es imposible si no es en el seno de una sociedad de hombres libres. No se puede ser feliz en una sociedad de hombres infelices a causa de la opresión, la explotación y la pobreza.
Desde el punto de vista ético –por decirlo de alguna manera- tenemos el deber de intentar ser felices (en la más amplia dimensión del término y sabiendo –repetimos - que la felicidad individual pasa por la felicidad de los demás).
Llegados al mismo punto que Pablo Neruda – el final de su vida- deberíamos poder decir, también nosotros, “confieso que he vivido”. Vivir, haber vivido, en esto consiste la felicidad. Ser felices o intentar serlo es también un compromiso con aquellos que nos aman.
Un mismo acontecimiento puede hacer a una persona feliz y a otra infeliz. Todo depende el estado de ánimo con el que se viven los acontecimientos. También es una cuestión de carácter. Digamos que existe un cierta inclinación a ver la botella medio llena o medio vacía.
Felicidad no significa ausencia de pena o dolor. La felicidad está en el cumplir con el deber y en amar lo que uno hace.  La felicidad está en el saber vivir. Su posibilidad va implícita en nuestra propia filosofía de la vida. Sin embargo es necesario intentar hacer explícito el camino que nos conduce a ella. No olvidemos que, como diría Kant, la felicidad es una idea de la imaginación a la que debemos darle contenido –porque por sí misma no lo tiene. 

La Filosofía como Terapia

Curso 2010 - 2011
Departamento de Filosofía
Facultad de Filosofía
Código 658
1. Objetivos
El objetivo del curso es enseñar cómo la filosofía puede tener un auténtico papel terapéutico en nuestra vida. De una manera explícita o implícita todos tenemos una personal filosofía de la vida a partir de la cual organizamos nuestra existencia, nuestro proyecto vital. Nos apoyaremos en textos claves de filósofos escogidos para analizar y estar en condiciones de hacer una crítica de nuestra filosofía personal porque en ella radica la posibilidad de resolver los problemas con los que día a día debemos enfrentarnos y en los que se compromete nuestra felicidad.
2. Contenidos
1. Identificación y adecuado planteamiento de los problemas de la vida: un método filosófico de análisis.
2. La filosofía como servicio a las personas en su problemática cotidiana: medio de curación y auxilio de vida.
3. Felicidad y sufrimiento: claroscuro de la existencia cotidiana.
4. El amor como fuente de placer y dolor. Los problemas afectivos y de relación.
5. El trabajo: camino de realización o de frustración.
6. La salud y la enfermedad. ¿Cómo vivir de una manera saludable? Actitud ante la enfermedad.
7. El sentido de la muerte. Vivir con sentido.
8. La filosofía terapéutica se hace cargo de la actual crisis de nuestra civilización (económica, política, social y
ecológica).
9. El camino de la búsqueda: ¿cómo construir una filosofía personal de la esperanza? La terapia que todos
necesitamos.
3. Metodología y actividades
El alumno deberá realizar un trabajo escrito en relación a los temas propuestos, la bibliografía recomendada y los
textos escogidos.
4. Nivel del Curso
Iniciación
5. Alumnado
El curso está dirigido a personas con inquietudes filosóficas, con estudios universitarios o autodidactas. Indicado
también para profesionales de la salud mental y la medicina. Recomendado para profesionales de la mediación, el
derecho y la educación. Y para todos aquellos que deseen mejorar su filosofía de vida y beneficiarse del efecto
terapéutico de la misma.
No se requiere ninguna titulación académica específica.
6. Duración y dedicación
6 meses (12 créditos ECTS)
7. Profesorado
Dr. Eduardo Agüero Mackern
Dr. Moisés González García
. Material didáctico obligatorio
GONZÁLEZ GARCÍA, M. "Filosofía y dolor", Madrid, Tecnos, 2006.
GONZÁLEZ GARCÍA, M. "Introducción al pensamiento filosófico", Madrid, Tecnos, 2008.
Precio aproximado del material didáctico obligatorio: 45 euros
9. Tutorías
Convivencias y sesiones presenciales opcionales a determinar durante la realización del curso.
Asistencia tutorial telefónica (previa cita)
Asistencia en la red: eaguero@madrid.uned.es
10. Criterios de evaluación y calificación
Al finalizar el curso deberá realizar un ensayo escrito sobre alguno de los temas del programa.
11. Importe del curso
Precio de la matricula: 281,23 €.

LA FILOSOFÍA COMO TERAPIA