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lunes, 18 de agosto de 2014

¿Se puede ser moral sin tener en cuenta al "otro"?

(Mi pequeña participación desde la distancia: breve reflexión acerca de los temas que tratarás esta tarde en la reunión a la cual  desafortunadamente no puedo asistir. Un abrazo, imagino que lo pasaréis genial. Alex). 

Creía Aristóteles que sabios no son los que más sabiduría llegan a atesorar, sino aquellos que tienen  como virtud la prudencia. En algún momento del camino, decidimos cambiar esa prudencia  por la perversión de esta virtud: la audacia. Mientras un hombre prudente nunca arriesgará la felicidad del otro, el  hombre audaz nunca tendrá en consideración tal norma moral. Desde esa pequeña brecha hasta el abismo utilitarista de nuestros días,  recorremos un camino que nos dota de una moral que tiene como característica  la ausencia del otro y ¿Se puede ser moral sin tener presente al "otro"?  Todos los días vemos surgir normas que no tienen como fin la inclusión del otro en nuestro imaginario, sino la de mantenerlo alejado.


Bertolt Brecht lo sintió y nos advirtió de manera maravillosa acerca de esto: "Primero se llevaron a los comunistas, pero a mi no me importó porque yo no lo era; enseguida se llevaron a unos obreros, pero a mí no me importó porque yo tampoco lo era; después detuvieron a los sindicalistas, pero a mí no me importó porque yo no soy sindicalista; luego apresaron a unos curas, pero como yo no soy religioso, tampoco me importó; ahora me llevan a mí, pero ya es demasiado tarde".

Recuperar la capacidad de sentir plenamente al otro, implica un ejercicio de reflexión por el cual nos situaremos activamente,  en una posición que,  de la cual, de alguna manera, nos era desconocida. Somos -al igual que Aristóteles y al igual que B. Brecht- unos metecos, unos exiliados de nuestra condición de esclavos,  pero a diferencia de ellos nosotros todavía tenemos que asumir dicha condición. Asumir nuestra condición de todo aquello que bellamente expresa B. Brecht en el poema, no significa nuestra cosificación en una categoría determinada, significa un horizonte de posibilidades desde donde juzgar y obrar correctamente, desde donde recuperar la voluntad libre. 

Ya no podemos, al menos ya no inconscientemente, ver al otro como a un extranjero, un inmigrante, un paria, un exiliado, un perdedor. Ahora sabemos que, pertenecemos a ese "otro". Nuestras acciones adquieren de este modo una perspectiva moral de la que carecían anteriormente y en esta nueva dimensión moral surge Kant  y su "prudencia práctica"  que, al igual que la sabiduría Aristotélica, o la experiencia de B Brecht, también hoy es denostada y pervertida  en este mundo utilitarista. 
"Obra de tal modo que uses la humanidad tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio" Ignoro cuales serán las acciones correctas a seguir en nuestra intención de dejar atrás este mundo utilitarista, pero sin duda creo que ese mandato kantiano nos sería de ayuda.


       ALEX VILLAR

viernes, 15 de agosto de 2014

Programa del III Encuentro Filosófico de Verano de Navalafuente..

Programa de la reunión del sábado 16 de agosto.

19:00. Recepción de los participantes en el encuentro
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19:30. Comienzo (puntual) de la reunión de análisis y debate filosóficos
- Homenaje a Carlos París.
- Introducción al seminario por parte de Eduardo Agüero.
- Análisis y comentario del primer texto (Filosofía y sabiduría).
- Análisis y comentario del segundo texto (Moralidad o complicidad).

21.00-21.45. Descanso y paseo por el pueblo.
22.00. Cena y sobremesa (sin hora fija de finalización).

Desarrollo del encuentro:

Una vez hechas las presentaciones (hay nuevos participantes) se recordará la figura de Carlos París (quien asistió a la reunión del verano anterior en esta misma casa).
Seguidamente haré una breve introducción para recordar cuál es el sentido de esta comunidad de amigos y volver a explicitar nuestros fundamentos. Creo que esto se hace necesario, también, al haber nuevos invitados.

Continuaremos con el tema 1, con cuestiones tan relevantes como: ¿Cómo he de vivir? ya que no estamos tratando de teoría, sino de práctica -de experiencia. No se trata de ciencia, sino de vida."Se filosofa para salvar la piel y el alma" Pero para obrar correctamente hay que saber juzgar correctamente -diría Descartes.

Pasando al tema 2, sin perjuicio de las preguntas que ya han enviado otros amigos, centraría el debate en esta cuestión: ¿qué responsabilidad tenemos en que determinadas estructuras perversas perduren y qué estaría en nuestra mano para sustituirlas por otras?
Por supuesto que se plantearán todas aquellas cuestiones que los participantes deseen. Al principio del debate (para ordenarlas) o al hilo del mismo.

Durante la cena y la sobremesa (es un encuentro entre amigos) seguro que continuará el diálogo de una manera más distendida. Imagino que hablaremos de todo lo humano y divino...

¡Auguro una velada inolvidable!

lunes, 4 de agosto de 2014

Reflexión sobre el desempleo (Fco. Javier Cruz)


La realidad del empleo en España. (Extracto de un escrito presentado por Fco. Javier Cruz Lendínez, participante en el curso "Filosofía como Terapia").

La realidad del empleo en España, según las últimas cifras del pasado primer trimestre de este año, es que se sigue destruyendo empleo. La ocupación de empleo retrocede en 184 mil personas. La tasa de empleo en marzo se planta en el 25,93% y la EPA del IN sitúa a España en un tímido descenso de 2.300 parados. 
Cabe destacar que, según la EPA, que las personas en edad y disposición de trabajar bajó en el último año en 424.500 personas. Sobre todo se aprecian épocas estacionales en las que repunta el empleo, pero existen otras en las que ocurre todo lo contrario. Muchos jóvenes salen del país en busca de un empleo y les permita desarrollar sus capacidades profesionales, en concreto, desde el año 2008 hasta finales de 2012, han emigrado en torno a unos 400.000 personas. La tasa de paro juvenil en el último trimestre de 2013, según datos del INE, es del 55% y del 30,9% el de mayores de 45 años. 
El problema principal será volver a recuperar los 3,6 millones de empleos que se han perdido durante la crisis y encontrar el sector que vuelva a activar la economía y promueva nuevos empleos. Lo que ocurre es que el empleo que se está creando es empleo precario, temporal e inestable y no permite la reactivación de la economía ni la calidad de vida de los y las trabajadores y sus familias. Recordamos que el empleo indefinido que se genera es prácticamente inexistente y el número de empleos por horas sigue aumentando y los parados de larga duración también. Este es mi caso.
Toda esta situación impuesta obedece a un planteamiento ideológico, por parte de las políticas neoliberales, que se basan en la priorización de la financiarización de la economía sobre la economía real o productiva y en la acelerada privatización de lo público.  A este panorama hay que añadir que el número de hogares sin ingresos ha crecido durante estos años. Ya se está hablando de entorno a un millón de familias en que no existen ingresos y a dos millones en el que todos sus miembros están en paro. Esta realidad está recrudeciendo la vida de las familias y cebándose sobre todo en los más débiles, los niños.

Situación personal.

La primera vez que me quedé sin empleo, allá por el año 2006, tuve la sensación de que iba a ser temporal. Tenía en perspectiva unas oposiciones para la Universidad y me sentía motivado para afrontarlas.
Transcurrieron prácticamente dos años hasta que se realizó la prueba y las fuerzas ya se habían disipado. Todo este periodo supuso mucho desgaste y mis capacidades de adaptación a las nuevas exigencias no fueron al final suficientes. No superé ni siquiera el primer ejercicio de la oposición. Aparte de las oposiciones me presenté a algunos puestos de distintas administraciones públicas, a veces con éxito y otras sin éxito, pero sin plaza ni puesto fijo, sino temporal.
Cabe resaltar que durante esta etapa, la frustración y el sufrimiento personal fueron muy importantes. Estas circunstancias y vivencias supusieron una pequeña depresión y decepción, en cuanto a mi visión global del mundo y también de mí mimo. Nunca me había sentido así.
Es por esto que me planteo ahora la importancia que tiene en mi vida el trabajo profesional o remunerado: la actividad laboral, el tiempo de trabajo. Aunque ahora tengo la impresión de que es posible que no vuelva a trabajar fuera de casa lo haré de forma esporádica y temporal. Así llegué a concluir que el eje de mi vida tal vez no tuviese que ser el trabajo remunerado, aunque resultara paradójico que mi formación académica durante más de veinte años de mi vida estuviera orientada a tal fin. Todas estas cuestiones las tengo muy presente. Incluso llegué a plantearme iniciar una aventura empresarial, pero aunque fuesen viables no resistían el filtro de la financiación. En definitiva, tuve que plantearme, finalmente, asumir el rol de amo de casa, a pesar de haber sido impuesto y no una opción o vocación. 
Ya han pasado tres años desde la última vez que me quedé sin empleo, desde el 2011. Ahora trabajo en casa y ese trabajo es tan digno como otro cualquiera. Si bien la cuestión de los roles es lo que llevo peor, pero no por mi condición sexual, sino porque tengo que aceptar este nuevo rol en el ámbito familiar. Nunca me he considerado machista, porque mi madre se ocupó bien de ello, pero la sociedad no me preparó para asumir este nuevo rol. De hecho me cuesta esfuerzo asumirlo tras más de dieciséis años de trabajo profesional y que me permitía también mi desarrollo personal.
Al principio, me sentía desubicado y desorientado como el que pierde un miembro y aún tiene la sensación de que lo conserva. Las rutinas del trabajo debía cambiarlas por otras rutinas. De hecho eso es lo que más me costó asumir. Como cuando regresabas de las vacaciones estivales y tenías que volver a la rutina académica. De hecho es significativo que en este periodo, y tras las vacaciones de navidad, suelen salir al mercado las enciclopedias por fascículos o las casitas de muñecas por entregas. 
Es cierto que el trabajo remunerado, el empleo, en el que uno se forma o uno se dedica por vocación, principalmente, debe procurar los medios necesarios para una vida digna, en la que se satisfagan al menos, las necesidades fisiológicas y de vivienda, cultura y educación, etc., y también a los que son dependientes de ese salario. Ahora comprobamos que no es posible con un sueldo sacar adelante a una familia ni a uno mismo. Los salarios de pobreza como ahora existen. También entiendo las dos dimensiones del empleo: el desarrollo personal y profesional y el de socialización.. Yo ahora busco otros espacios de socialización como son una ONG, ampliando la formación, por ejemplo, mediante este curso.

Está claro que necesitamos desarrollar todas nuestras capacidades y cubrir nuestras necesidades. Yo envidio -envidia sana- cuando encuentras testimonios de personas que se desarrollan en sus trabajos y al mismo tiempo cubren sus necesidades vitales. Es cierto que en muchas ocasiones no es así. Tenía esa experiencia cuando trabaja fuera de casa, porque mi empleo me lo permitía. Ahora debo buscar otra actividad, en este impass sin trabajo remunerado, que cubra ese vacío. 
Cuando las necesidades básicas como son la vivienda o la alimentación, la cultura, la salud y la educación las dejamos en manos de intereses privados, ocurre lo que ocurre. La iniciativa privada es necesaria, pero cuando busca el bien común y no el beneficio a toda costa. De hecho a mi me echaron del trabajo en las dos ocasiones, debido a los recortes en servicios sociales y en subvenciones, gracias a esta crisis económica. Por este motivo se implanta el miedo en todos los ámbitos de la vida diaria, si peligran los resortes y medios que la soportan. Ahora todo se sustenta en un mercado que va creando necesidades vanas que desplazan y desvían la atención de las necesidades vitales impidiendo, incluso, que éstas últimas sean garantizadas para todo el mundo Es lógico que sea el miedo a no tener cubiertas esas necesidades el que se instale e inunde todo y provoque multitud de reacciones, algunas adversas, otras de indiferencia, pero todas, en definitiva, son mitigadas y aplacadas por el propio sistema que lo ha generado.

Propuestas.

Para superar esto hay que, en primer lugar, garantizar a todo el mundo sus necesidades básicas. Desde ahí, comenzar a ver qué cuestiones debemos cubrir entre todos y todas. Qué aspiraciones como humanidad debemos satisfacer. Sin este mínimo garantizado se pierde demasiada riqueza humana e intelectual. Sobre todo pasamos por este mundo y esto es lo más triste, pienso yo, sin saber cuál es nuestro lugar en él.
No dejando las necesidades básicas en manos privadas y en los caprichos del mercado y evitar que esas necesidades básicas se conviertan en fuente de desigualdad y de opresión.
El problema de no saber el lugar que ocupamos en el mundo se soluciona en aceptar la realidad en que uno se desenvuelve y al mismo tiempo hacer lo que esté en nuestras manos, sobre todo, referido a nuestros hijos y a los jóvenes, ya que de ellos depende también, fundamentalmente, que esto cambie. Debemos seguir luchando porque sea posible un mundo en el que cada uno encuentre su lugar y su tiempo de vida sea lo más fructífero y digno posible.

En definitiva, debemos recuperar nuestro tiempo de vida, y no reducir la vida humana al tiempo de trabajo. Esto llevaría a recuperar el tiempo cronológico, el tiempo personal, el tiempo familiar y el tiempo social.
La clave estaría en promover y procurar una autonomía económica a todos los seres humanos que les permitiera cultivar su identidad personal y su integración social, teniendo en cuenta que estas funciones antes las cumplía el trabajo y ahora es necesario replantearse el proceso productivo, partiendo del servicio a la persona del trabajador y de su familia, porque sólo de esta manera se puede hablar de servicio de la sociedad y de bien común.

Conclusiones.

En definitiva, considero, a modo de conclusión, que es posible encontrar nuestro lugar en el mundo, a pesar de todos los inconvenientes y dificultades que se presenten.
Es imposible ser impermeable a los cambios y procesos de cambio tan bruscos que se están produciendo en las últimas décadas entorno al empleo a nivel mundial. A mi me ha tocado vivir en primera persona este proceso de transformación y no sé hacia dónde nos llevará el futuro. Lo que sí tengo claro es que no caeré en la trampa de ser un nuevo emprendedor que se arriesga en la jungla de la competitividad y se enfrenta al resto de individuos como si un depredador sin escrúpulos. Tengo claro que la salida solo puede venir de la cooperación para la producción de necesidades básicas y desde la concepción de una sociedad como comunidad solidaria. He tenido experiencia de esta alternativa, desde algunas iniciativas concretas que, aún siendo tímidas, han sembrado una nueva semilla que seguro germinará si se sigue cultivando. El reto es conseguir hacerse un hueco cada vez más significativo e importante en este mundo y que éste nuevo estilo de producción nos llene y satisfaga plenamente.


Mi filosofía.

Deseo practicar una filosofía viva, incardinada en la realidad e -incluso- en la cotidianidad. Una filosofía comprensible para todos y por tanto muy exigente, situada más allá del discurso meramente académico. Aunque esto no significa que proponga una divagación improvisada, sino que pretendo que fundemos nuestras reflexiones en atentas lecturas de los textos filosóficos -tanto actuales, como clásicos. Nuestra tarea será estrictamente filosófica, pero nuestros resultados siempre tendrán que pasar “la prueba de la realidad”. La filosofía debe servir para vida. Es más, la filosofía debe orientar y dirigir nuestras vidas -nuestra existencia- en el largo y a la vez corto camino que nos conduce a la felicidad (aunque otra cosa sea lo que entendemos por “felicidad”).

sábado, 2 de agosto de 2014

Vivir sabiamente

La filosofía quiere que nos aclaremos recurriendo a nuestras propias fuerzas, con la simple ayuda de la razón, utilizándola con audacia y firmeza. La duda es el primer paso para alejarse de la tutela divina.
Una de las cuestiones centrales de la filosofía es la reflexión sobre la finitud humana, sobre qué debemos hacer en el tiempo limitado de nuestra vida. Inevitablemente, quizás con ocasión de una ruptura o de un suceso brutal, acabamos preguntándonos que deberíamos hacer con toda nuestra vida.
Ser sabio supone simplemente vivir sabiamente feliz y libre en la medida de lo posible, tras vencer los miedos que surgen en nuestra vida.
Debemos conocer el mundo que nos rodea para poder encontrar nuestro lugar en él, para aprender a vivir e inscribir en él nuestras acciones: he aquí la primera tarea de la filosofía.
Hay que saber ir más allá de las impresiones inmediatas y no quedarse con el punto de vista ordinario que adopta la gente incapaz de reflexionar.
Si nos limitamos a ver solo nuestro rincón del mundo, no veremos la belleza del conjunto. Lo divino según los estoicos es la transcendencia en la inmanencia.
Debemos elevarnos hasta la autentica sabiduría que consiste en perder todo temor ligado a la finitud, a la perspectiva de un tiempo que pasa y a la muerte.
Todo el mundo acaba planteándose un día u otro cuestiones filosóficas y la filosofía puede ayudar a salvarnos, a vender nuestros miedos e inquietudes, no a través de un dios sino por nosotros mismos, son más ayuda que nuestras propias fuerzas simplemente recurriendo a la razón.
Antes de pensar por uno mismo es imprescindible cultivar la humildad de pensar a través de otros, con ellos y gracias a ellos.
Si la filosofía debe culminar en una doctrina de la salvación y si aquello que debemos superar ante todo son los miedos ligados a la finitud, es preciso orientar todos estos ejercicios hacia la supresión de la angustia.
(Reflexiones al hilo de la lectura de L. Ferry)

viernes, 1 de agosto de 2014

Filosofía y sabiduría.

La sabiduría. 

La etimología es bastante clara: philosophia, en griego, es el amor o la búsqueda de la sabiduría. Pero ¿qué es la sabiduría? ¿un saber? Éste es el sentido habitual de la palabra, tanto en los griegos (sophía) como en los latinos (sapientia), y es lo que la mayoría de los filósofos, desde Heráclito, han confirmado continuamente. Ciertamente, tanto para Platon como para Spinoza, tanto para los estoicos como para Descartes o Kant, tanto como para Epicuro como para Montaigne o Alain, la sabiduría tiene mucho que ver con el pensamiento, con la inteligencia, con el conocimiento, esto es, con determinado tipo de saber. Ahora bien, se trata de un saber muy particular, de un saber que ninguna ciencia expone, que ninguna demostración prueba, que ningún laboratorio puede comprobar o verificar, que ningún diploma acredita. Y es que no se trata de teoría, sino de práctica. No se trata de pruebas, sino de experiencia. No se trata de experimentos, sino de práctica. No se trata de ciencia, sino de vida.
En algunas ocasiones, los griegos opusieron la sabiduría teórica o contemplativa (sophia) a la sabiduría práctica (phronesis). Pero ambas son inseparables, o mejor dicho, la verdadera sabiduría sería su conjunción. La lengua francesa, que apenas las separa, lo expresa perfectamente. «Juzgar correctamente para obrar correctamente», decía Descartes, esto es la sabiduría. Es probable que unos estén mejor capacitados para la contemplación y otros para la acción. Pero ninguna facultad garantiza ser sabio: éstos deberán aprender a ver, aquéllos a querer. La inteligencia no basta. La cultura no basta. La habilidad no basta. «La sabiduría no puede ser ni una ciencia ni una técnica», subrayaba Aristóteles: se refiere menos a la verdad o a la eficacia que al bien, para sí mismo y para los demás. ¿Es un saber? Ciertamente. Pero un saber vivir.
Eso es lo que distingue a la sabiduría de la filosofía, que consistiría más bien en saber pensar. Pero la filosofía sólo tiene sentido en la medida en que nos acerca a la sabiduría: se trata de pensar correctamente para vivir rectamente, y sólo esto es.
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«El mal más contrario a la sabiduría -escribía Alain- es la estupidez». Esto nos dice, por oposición, hacia qué debemos tender: hacia una vida lo más inteligente posible. Pero la inteligencia no basta, los libros no bastan. ¿De qué sirve pensar tanto para vivir tan poco? ¡Cuánta inteligencia hay en las ciencias, en la economía, en la filosofía! Y cuánta estupidez suele haber en la vida de los científicos, de los hombres de negocios, de los filósofos... La inteligencia sólo se aproxima a la sabiduría en la medida en que transforma nuestra existencia, la ilumina, la guía. No se trata de inventar sistemas filosóficos. No basta con saber manejar conceptos; éstos son solamente medios. El fin, el único fin es pensar y vivir un poco mejor o no tan mal.
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¿Cómo he de vivir? Esta es la cuestión con la que la filosofía se enfrenta desde su mismo inicio. La respuesta sería la sabiduría, pero la sabiduría encarnada, vivida, en acto: corresponde a cada cual, inventar la suya. 
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¿Qué es la sabiduría? El máximo de felicidad en el máximo de lucidez. Es la vida buena, como decían los griegos, pero una vida humana o, dicho de otro modo, responsable y digna. ¿Gozar? Sin duda. ¿Alegrarse? Tanto como se pueda. Pero no de cualquier forma. Pero no a cualquier precio. «Todo lo que da gozo es bueno», decía Spinoza; pero no todos los goces son válidos. «Todo placer es un bien», decía Epicuro. Pero esto no significa que todos sean dignos de ser buscados, ni que todos sean aceptables. Por lo tanto, hemos de elegir, comparar las ventajas y desventajas, como decía también Epicuro, esto es, juzgar. Para esto sirve la sabiduría, para esto sirve también y por la misma razón, la filosofía. No se filosofa para pasar el tiempo, ni para lucirse, ni para juguetear con conceptos: se filosofa para salvar la piel y el alma.

La sabiduría es esta salvación, pero no en otra vida, sino en ésta. ¿Sómos capaces de acceder a ella? No completamente, sin duda. Pero ésta no es razón para renunciar a acercanos a ella. Nadie es completamente sabio, pero ¿quién puede resignarse a estar completamente loco?
Si quieres avanzar, decían los estoicos, has de saber a dónde vas. La sabiduría es el fin: la vida es el fin, pero una vida más feliz y más lúcida; la felicidad es el fin, pero una felicidad vivida en la verdad.

Pero no hagáis de la sabiduría un ideal más, que nos separe de la realidad. La sabiduría no es otra vida que hayamos de esperar o alcanzar. Es la verdad de esta vida que hemos de conocer y amar. ¿Por qué es digna de ser amada? No necesariamente, ni siempre. Pero para que lo sea.
«El signo más claro de la sabiduría -decía Montaigne- es un gozo constante; el estado que procura es como el de las cosas situadas más allá de la luna: siempre sereno». Asimismo, podría citar a Sócrates, a Epicuro («hemos de reír cuando filosofamos...»), a Descartes, a Spinoza, a Diderot, o a Alain... Todos ellos han dicho que la sabiduría está del lado del placer, del gozo, de la acción, del amor. Y que la suerte no basta.
El sabio no ama más la vida porque sea más feliz que nosotros. Es más feliz porque la ama más.
Nosotros, que no somos sabios, que no somos más que aprendices de la sabiduría, esto es, filósofos, todavía hemos de aprender a vivir, a pensar, a amar. Nunca se acaba de aprender, y por eso necesitamos siempre filosofar.
Esto implica necesariamente esfuerzo, pero también gozo. «En todas las demás ocupaciones -escribía Epicuro- el gozo sucede al trabajo realizado con esfuerzo; pero en

la filosofía, el placer marcha al mismo ritmo que el conocimiento: no es después de aprender cuando gozamos de lo que sabemos, sino que aprender y gozar van juntos».
Ten confianza: la verdad no es el final del camino, es el camino mismo

(1)  Fragmentos extraídos de: André Comte-Sponville. Invitación a la filosofía, Paidós, 2002 Capítulo 12