martes, 27 de diciembre de 2011

Amor y dolor


"El dolor de amar involucra profundamente a toda la persona, como si fuese una herida abierta. La sensación psicológica de unión —aún más, de identificación al principio— con el otro, hace del  amado el centro de nuestra vida, casi una parte de uno mismo. Debido a eso, el amante es indeciblemente vulnerable a cualquier ausencia o deficiencia del amado: Aun cuando el otro permanezca a nuestro lado por toda la vida, el sentido de su presencia variará, porque los lazos emocionales son fluctuantes, llenos de contradicciones. Esto genera dolor porque la ausencia puede ser sentida como la pérdida de una parte vital de nuestro propio ser. En el estado amoroso, al menos en sus primeras fases, nuestra constitución física cambia; en la unión con el amado, nuestro metal se transforma, creamos una nueva aleación. Sin embargo, esta fusión puede perderse en cualquier momento, y nos asedia la angustia." (R. Kreimer)

sábado, 17 de diciembre de 2011

Los textos filosóficos clásicos.


“Lo que caracteriza la gran mayoría de los escritos filosóficos de la Antigüedad es que se corresponden con un juego de preguntas y de respuestas, porque la enseñanza de la filosofía se presentaba, casi siempre, según el esquema pregunta-respuesta. Se trataba siempre de responder, por parte del maestro, a una pregunta planteada por el discípulo o el interlocutor. De esta forma, la enseñanza se planteaba en gran parte en forma de diálogo. Esta cultura de la pregunta también siguió subsistiendo en la Edad Media.

Como los escritos filosóficos están siempre estrechamente ligados a la enseñanza, las preguntas y respuestas se dan en función de las necesidades de los interlocutores. El maestro que se expresa conoce a sus discípulos y lo que saben y no saben, su estado moral, los problemas que se les plantean. A veces, incluso, habla en función de cada situación particular. Estamos ante escritos en función de algo más o menos circunstancial y no ante una expresión de carácter absolutamente universal.

En la Antigüedad la filosofía es esencialmente diálogo, se trata de una relación viva entre personas.

Actualmente se ha perdido la concepción de la filosofía como forma de vida, como elección de vida y también como terapia. Se ha perdido el aspecto personal y comunitario de la filosofía. La filosofía se ha hundido cada vez más en un vía puramente formal, en la búsqueda a todo precio de la novedad en sí misma: se trata de ser lo más original posible, produciendo un discurso lo más complicado posible. La construcción más o menos hábil de un edificio conceptual se convertirá en un fin en sí mismo. De este modo, la filosofía se ha ido alejando cada vez más de la vida concreta de las personas. Este desvarío se debe, en parte, a la estrecha perspectiva de la mayoría de las actuales universidades que preparan alumnos en el estudio de un programa que les permita obtener un título de funcionario de la enseñanza. La relación personal y comunitaria desaparece para dar lugar a una enseñanza que se dirige a todos, es decir, a nadie. Habría que volver al carácter  dialógico de la filosofía y por ende a la forma dialógica de la enseñanza: al estilo de las escuelas antiguas, organizadas para vivir la filosofía en común.

Las obras filosóficas de la Antigüedad no se escribieron para exponer un sistema sino para producir un efecto de formación: el filósofo quería hacer trabajar los espíritus de sus interlocutores para ponerlos en una disposición determinada”.  (Pierre Hadot)

LECTURAS DE FILOSOFÍA: ESTOICISMO
“El alma recta, buena, grande… puede encontrarse tanto en un caballero romano, o en un liberto, como en un esclavo. ¿Qué son, en efecto, caballero, liberto, siervo? Nombres dados por la ambición o por la justicia. Pero desde cualquier ángulo es posible lanzarse hacia el cielo. El camino de la virtud no se halla vedado a nadie; está abierto para todos… libres, libertos, esclavos, reyes, desterrados. No elige casa ni censo; se contenta con el hombre desnudo. Yerra quien cree que la esclavitud penetra todo el hombre: la mejor parte se halla exceptuada de ella: los cuerpos se hallan sujetos y consignados al amo, pero el alma permanece dueña de su derecho propio… no puede darse esclavitud. Todo lo que deriva de ella es libre: ni nosotros podemos mandar en todo, ni los siervos están constreñidos a obedecer en todo.” (Séneca: Epístola a Lucilio, 20)
“Creen Zenón, Cleanto y Crisipo que la sustancia se transmuta en fuego tanto como en semilla, y de esto, se cumple de nuevo una ordenación exactamente igual a la anterior. Dicen los estoicos que cuando los astros en su movimiento hayan tornado al mismo signo y a la propia longitud y latitud en la que se encontraba cada uno al principio, cuando por primera vez se constituyó el universo, en esos ciclos de los tiempos se cumple una conflagración y destrucción de los seres; y de nuevo, desde el principio, se retorna al mismo orden cósmico; y de nuevo, moviéndose igualmente los astros, cada suceso acaecido en el ciclo precedente, vuelve a cumplirse sin ninguna diferencia.” (Estobeo, Eclogae, I, 171, 2)  
“Dicen que la virtud es una disposición interna del alma, concorde consigo misma para toda la vida; una disposición interna, constante y conforme que convierte en loables a aquellos en los cuales se halla; por esto la perfecta virtud es una igualdad de vida y una forma de vida en todo y por todo en armonía consigo mismo: lo que no puede darse si no se posee la ciencia de las cosas y el arte, por los cuales se conocen las cosas humanas y las divinas.” (Séneca, Epístola a Lucilio, 31, 8)
“Dice que algunas de las obligaciones son perfectas, y las llaman también acciones rectas; rectas son las acciones conformes a la virtud, como el ejercer prudencia o justicia (Estobeo, Eclogae, II, 7, 8, 85)
 El mal… tiene una razón propia: porque también él nace, en cierto modo, según la razón de la naturaleza, y, por así decir, no nace sin utilidad para el todo: pues de otra manera no existirían los bienes. Crisipo dice en el libro IV de la Providencia: … no es posible en absoluto ser más rudo que éstos, los cuales creen que hubiesen podido existir los bienes, sin que, conjuntamente, existiesen también los males. Pues siendo los bienes contrarios a los males, es necesario que ambos opuestos se mantengan sostenidos recíprocamente como por mutuo y contrario esfuerzo: pues no se da contrario (por contrario que sea) sin el otro contrario.” (Gelio, Noches áticas, VII, 1)