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miércoles, 31 de octubre de 2018

El pensamiento pre-filosófico. El Mito.

Análisis de textos anteriores a la filosofía. Las primigenias teogonías:
Tártaro, Océano, Tetis, Caos, Kosmos. Eros, Zeus, Anake, Cronos, Diké...

jueves, 25 de octubre de 2018

El dolor físico y emocional según Paco Vinagre (entrevista).

En este espacio que le hemos llamado "Filosofía en la Frontera", pregunto a Paco Vinagre -físico y terapeuta- sobre algunas cuestiones tales como el dolor, la enfermedad, la autoregeneración del organismo y otros asuntos que yo llamo "limítrofes" y que en muchos casos se sustraen a la racionalidad al uso. Nada perdemos si abrimos la mente hacia explicaciones y procedimientos como los que aquí expone nuestro interlocutor. Es interesante situarse en la frontera, incluso traspasarla.

martes, 23 de octubre de 2018

Textos sesión 02 Filosofía UP3C


·      Los elementos preparatorios de la filosofía griega.

1)   Los griegos aprendieron de los caldeos el uso del cuadrante solar, el gnomón y las doce partes del día. (HERÓDOTO, II, 109).
2)   Así, ya se hallaban constituidas todas las artes (dirigidas a las necesidades y a la comodidad del vivir), cuando se descubrieron estas ciencias, que no se aplican al placer ni a las necesidades de la vida, y aparecieron primeramente en aquellos países, donde había quienes disfrutaban del ocio y las comodidades suficientes para dedicarse a las ocupaciones intelectuales. Por eso en Egipto, antes que en otras partes, se constituyeron las disciplinas matemáticas, porque allí le estaba concedida a la casta sacerdotal esa comodidad. (ARISTÓTELES, Metafísica, I, 1, 981,b).
3)   Un extranjero (bárbaro), fue el primero en observar estas cosas (astronómicas). Pues un antiguo país nutrió los primeros observadores de estas cosas que, por la belleza de la estación estival de la que Egipto y Siria gozan abundantemente, observaban, por decir así, siempre visibles todas las estrellas, como aquellos que habitaban comarcas del mundo, siempre alejadas de nubes y lluvias. Y desde allá han llegado (estas nociones astronómicas) a todas partes, aun aquí (en Grecia), conocidas desde tiempo extremadamente antiguo e infinito. . . Pero fijemos bien en la memoria que lo que nosotros, griegos, hemos tomado de los extranjeros (bárbaros), esto ha sido, al fin, perfeccionado por nosotros. (Epinomis platónico: escrito probablemente, por FILIPO de Opunte, 987a, 987e).
4)   ¡Oh Solón, Solón!, vosotros, griegos, sois siempre niños. . . No poseéis aún ciencia que, por efectos del tiempo, haya llegado a ser antigua. . . En cambio, en este país (Egipto) . . . lo que es transmitido, se considera que sea lo más antiguo que exista (PLATÓN, Timeo, 22b., 23).
Como ha escrito un autorizado orientalista contemporáneo (G. FURLANI, Il poema della creazione: Enuma Elis, Bologna, 1934, p. 19), "en los últimos decenios se ha comenzado a comprender que todo el Oriente antiguo, ha poseído siempre una civilización discretamente uniforme, formada de innumerables y complicadísimos contactos, intensos y continuos, entre sus seis o siete civilizaciones, de la elamítica a la egipcia, de las micrasiáticas a la súmera".
5)   Cuando (todavía) por encima no estaba nombrado el cielo; por debajo la (tierra) firme no tenía (todavía) un nombre, el Apsu primero su generador, Mummu y Tiamat, la generadora de todas ellas —, se mezclaban sus aguas entre sí — (todavía) no se habían construido mansiones para los Dioses, y la estepa no era visible aún, — cuando (todavía) no había sido creado ninguno de los dioses, — y ellos no tenían (aún) un nombre y los destinos no habían sido asignados a ninguno de ellos, — fueron procreados los dioses en medio de ellos. . . (Enuma Elis, poema babilonio de la creación: exordio).
Al principio era Nun, masa líquida primordial, en cuyas infinitas profundidades flotaban confusos los gérmenes de todas las cosas. Cuando comenzó a brillar el Sol, la Tierra fue allanada y las aguas separadas en dos masas diferentes: una engendró los ríos y el Océano: la otra, suspendida en el aire, formó la bóveda del cielo, las aguas de lo alto, en las cuales, astros y dioses, transportados por una corriente eterna, se pusieron a navegar (MÁSPERO, Hist. anc. des peuples de l'Orient, 27, resumiendo antiguos papiros egipcios).
En el gran año cósmico, que es el período en el cual se cumple el eterno retorno de las vueltas cósmicas, el verano corresponde a la época de la conflagración, y la del diluvio universal, a su invierno. Beroso, sacerdote caldeo del siglo III a. de C., eco de antiguas tradiciones de Babilonia, lo calculaba en 432.000 años (Cfr. Fragm. historic, graec., frag. 4 de Beroso), pero los autores griegos lo calculaban entre los 10 y los 30 mil años, a lo sumo.
·      Elementos preparatorios de la reflexión religiosa y moral de los griegos.
6)   Precisamente, es característico del filósofo este estado de ánimo: el de la maravilla, pues el principio de la filosofía no es otro, y aquél que ha dicho que Iris (la filosofía) es hija de Thaumante (la maravilla), no ha establecido mal la genealogía (PLATÓN, Teeteto, 155 d).
7)   En efecto, la maravilla ha sido siempre, antes como ahora, la causa por la cual los hombres comenzaron a filosofar. Al principio se encontraron sorprendidos por las dificultades más comunes; después, avanzando poco a poco, plantearon problemas cada vez más importantes, tales, por ejemplo, como aquellos que giraban en torno a los fenómenos de la luna, del sol o de los astros, y finalmente los concernientes a la génesis del Universo. Quien percibe una dificultad y se admira, reconoce su propia ignorancia. Y por ello, desde cierto punto de vista, también el amante del mito es filósofo, ya que el mito se compone de maravillas (ARISTÓTELES, Metafísica, I, 2, 982b).
8)   Pudiera sospecharse que el primero en buscar un principio de este género (es decir, una causa de la que derive el movimiento de los seres), haya sido Hesíodo o cualquier otro, si (antes que él) colocó, en los seres, como principio, el Amor (Eros) o el Deseo, como Parménides lo hizo después. Ya que, también éste reconstruyendo la génesis del universo, dice: "Como el primero entre todos los dioses, ella (la divinidad que rige el universo) creó a Eros". Y Hesíodo: "El primero entre todos los dioses fue el Caos, después la Tierra de amplio seno, y Eros, que sobresale entre todos los inmortales" — expresando la necesidad, en los seres, de una causa que mueva y una las cosas ( ARIST. Metaf., I, 4, 984).
"Me parece que cada uno de ellos (los filósofos que quieren definir cuáles y cuántas son las cosas) nos relata una especie de mito, como si fuésemos niños: uno, que los seres son tres, y que algunas veces, se combaten entre sí, y otras, habiendo entablado amistad, nos hacen asistir a sus bodas, nacimientos y educación de la prole. Otro, diciendo que son dos (húmedo y seco o calor y frío), los une y los desposa. La estirpe de los eleatas, entre nosotros, que comienza desde Jenófanes, o quizá antes, nos relata sus mitos, como si lo que se llama "todas las cosas", fuese una sola cosa. Ciertas musas jónicas (Heráclito) después, y algunas sicilianas posteriores a ellas (Empédocles), concuerdan en pensar que ofrece mayor seguridad entrelazar distintos mitos entre si, y decir que ¿ser es múltiple y uno, y que es mantenido unido por el odio y el amor" (Sofista, 242c).
a) los orígenes: el ser primordial (Caos), la fuerza motora y generadora (Eros), y las sucesiones de las generaciones. —
10). "Decidme, ¡oh Musas de las moradas olímpicas!, cuál de los dioses fue el primero. Antes que todas las cosas, fue el Caos, y después la Tierra (Gea) de amplio seno, asiento siempre sólido de todos los Inmortales que habitan las cumbres del nevado Olimpo, y el Tártaro tenebroso enclavado en las profundidades de la Tierra espaciosa, y Eros, el más hermoso entre los Dioses Inmortales, que libra de todas las preocupaciones y subyuga en el ánimo de todos los Dioses y todos los hombres la mente y el consejo prudente. Y del Caos nacieron Erebo y la negra Noche (Nix); y de la Noche nacieron el Éter y el Día (Hémera), pues los concibió al unirse con Erebo. Y primero engrendró la Tierra al Cielo estrellado (Urano), similar a ella en grandeza, para que todo lo cubriese y fuese segura morada para los Dioses dichosos. Y engendró después los grandes Montes, agradables moradas de los Dioses y de las Ninfas, que habitan las montañas llenas de valles. Concibió después a Ponto, el mar indomable y estéril, que al hincharse bate furioso, pero sin (el concurso) de amoroso abrazo. (Teogonía, 113 y siguientes).
*  Los primeros problemas relativos al universo.
El problema de los orígenes cósmicos en HOMERO.
— Océano generador de los dioses, y Tetis madre (litada, XIV, 201 y 302).
11)"Hay algunos que creen que, también los más antiguos, que vivieron mucho tiempo antes de la generación presente, los primeros en tratar sobre los dioses, han pensado de la misma manera (que Tales) respecto a la naturaleza, ya que hicieron de Océano y Tetis los progenitores de la generación, y hacían jurar a los dioses por el agua, llamada por sus poetas "Estigia", considerándola la cosa más venerable, o sea más antigua de todas". (Metafísica, I, 983, b).
Problemas del cosmos en HESÍODO: la Tierra, el Cielo, el Tártaro.
12) "Tan lejos como se halla el Cielo de la Tierra, así está el Tártaro nebuloso separado de ella. Pues, precipitando un bólido de bronce desde el cielo, rodando nueve noches y nueves días, llegaría a la tierra en el décimo día, y, a su vez, precipitando desde la tierra un bólido de bronce, después de rodar nueve noches y nueve días, llegaría al Tártaro el décimo día. Un recinto de bronce lo rodea, y a su alrededor, la noche muestra su triple faja de sombras en la entrada, y por encima están las raíces de la tierra y del mar inmenso" (Teogonía, 720 y ss.).
La persistencia del Caos en los confines, como continente del cosmos: las tempestades del Caos, preparación de la idea del ciclo de formaciones y disoluciones de los cosmos. Y allí, más allá de todas las cosas, se hallan las fuentes y los límites de la Tierra oscura, y del Tártaro nebuloso y del mar infinito y del cielo estrellado; fuentes y límites terribles, tenebrosos, que los Dioses odian: es el gran Abismo (casma) ; y ni aún bastaría todo un período astronómico, para que las cosas llegaran a tocar su fondo, después de haber traspuesto sus puertas al principio, sino que serían llevadas de acá para allá por horribles tempestades; prodigio espantoso también para los Dioses inmortales; y allá, cubierta de profundas nubes, se hallan las terribles moradas de la Noche tenebrosa. (Teogonía, 736 y ss.).
Los ÓRFICOS:
Los primeros seres divinos, la Noche, la función cósmica de Eros y las generaciones divinas.
13)En el principio, sólo existían el Caos y la Noche, el negro Erebo y el profundo Tártaro, pero todavía no habían nacido la Tierra, ni el aire, ni el cielo. Y la noche, en los infinitos rincones de Erebo, engendró el primero de entre todos los Huevos de negras alas, y de este huevo, fecundado por los vientos, nació, en el cumplimiento del tiempo, Eros, el codiciado dios, de esplendente dorso de áureas alas, semejante a los torbellinos rápidos como el viento. Y unido en el amplio Tártaro, con el Caos de alas tenebrosas, incubó y dió a luz la primera generación de los inmortales. No existían (otros) Dioses, antes de que Eros mezclase todas las cosas. Pero, al mezclarlas, nació Urano (cielo), Océano, Gea (tierra) y toda la estirpe inmortal de los bienaventurados (ARISTÓFANES, Aves, 693 y ss., en KERN, Orphicorum fragmenta, frag, 1).
Las seis generaciones son precedidas por los seres inengendrados: Caos, Noche, Erebo y Tártaro; las generaciones están iniciadas por la Noche, al parir el Huevo cosmogónico de cuya fecundación nace Eros; y a esta primera generación le siguen otras cinco, indicadas por Platón, que omite especificar la última. Entonces tenemos: cuatro principios inengendrados, de los cuales uno (la Noche) se convirtió en generador de una generación inicial asexuada; un segundo (el Caos), concurrió con Eros a la primera generación sexuada y los otros dos funcionan como asiento de las generaciones y de los acoplamientos. Sucesivamente se presenta la siguiente serie de las generaciones: 1) Huevo-Eros; 2) Urano y Gea; 3) Océano y Tetis; 4) Cronos, Rea y los hermanos; 5) Zeus, Era y hermanos; 6) Dionysos, con el cual "se interrumpe el orden del canto".
Así, a través de estos datos y aclaraciones, se comprenden en su verdadero significado los distintos testimonios que atribuyen a los Órficos el haber colocado a la Noche como principio originario.
14)"Como dicen los teólogos, que hacen engendrar todo de la Noche” (ARISTÓTELES, Metaf; 1071 b). "La teología, reproducida por el peripatético Eudemo como obra de Orfeo. . . establece el comienzo por la Noche" (DAMASCIO, De primis principiis 124). "¡Oh madre!, nutriz, suprema entre los Dioses, Noche inmortal, ¿cómo, dime, cómo debo establecer el principio magnánimo de los Inmortales?" (Versos órficos, en PROCLO, in Tim. B., pr.; frag. 164 en KERN, Orphic, frg.).
Pero también se puede explicar por qué algún otro testimonio cae en el error de suponer, como primer principio, según los Órficos, el Caos:
15)"Según Orfeo, primero nació el Caos, después el Océano, en tercer lugar la Noche, en cuarto término el Cielo, y luego Zeus, rey de los inmortales". (ALEJANDRO DE AFRODISIA, IN Metaphys. 1091; frag. 107, en KERN, op. cit.).
Teogonías de Jerónimo y Helánico: las materias primordiales:
Cronos y Ananke.
16) "La teogonía referida por Jerónimo y Helánico. . . narra de la siguiente manera: en el comienzo, existían sólo el agua y el fango (materia limosa), que se endureció, formando la tierra. . . De estos dos principios fue engendrado después un tercero (un dragón) . . . llamado Cronos, que no envejece, y Heracles; a él se agrega Ananke (Necesidad) que tiene la misma naturaleza de Adrástea incorpórea (otra personificación de la Necesidad), difundida por todo el cosmos, hasta alcanzar los límites de él. . . Cronos. . . engendró una triple progenie: el Éter húmedo, el Caos infinito y el Erebo nebuloso. . . Pero Cronos engendró en éstos un huevo. . . Y esta teología celebra el Protógonos (Primogénito) y llama a Zeus el ordenador de todas las cosas". (DAMASCIO, De prim. princ., 123).
Teogonía rapsódica: el Tiempo generador de los seres: "En estas rapsodias órficas que se nos han transmitido, hay una teología en torno a lo inteligible (al que también interpretan los filósofos), colocando, en lugar del único principio de todas las cosas, el Tiempo; en lugar de los dos, el Éter y el Caos, e imaginando, simplemente, en lugar del ser, el Huevo (cosmogónico) y fabricando primero esta tríada" (DAMASCIO, loc. cit.; frag. 60, en KERN, Orphic, frg.). "Orfeo llama al Tiempo el primero de todos" (PROCLO, in Parmen., 23). "Orfeo llama al Tiempo la primera causa de todas las cosas (PROCLO, in Crat., 69; fr. 58, en KERN). "El teólogo (Orfeo) hace engendrar por Cronos el Éter y el Caos" (PROCLO, in Crat. 64).
"Después de la única causa de los Dioses, que Orfeo celebra en Cronos, dice haberse producido el Éter y el Abismo monstruoso" (SIMPLICIO, Física, 528).
"Este Cronos inmortal, del consejo eterno, engendró el Éter y un torbellino inmensamente grande por cada lado; ningún límite había abajo, ni fondo, ni sostén alguno" (Versos órficos, en PROCLO, in Rempubl., II, 138, 8).
17)  "Después el gran Cronos engendró en el Éter divino un huevo brillante como plata" (Versos órficos, en DAMASCIO, op. cit. 55). "Y Cronos, de la inmensidad de su seno, engendró así a Éter y Eros célebre, de doble naturaleza, que mira hacia todas las direcciones, padre ilustre de la Noche eterna. . . Y Cronos produjo, por propia generación, el fuego, el aire y el agua" (frag. 37, en KERN).
18) la unidad divina: unidad del principio y unidad del todo (panteísmo). — Dios, como quiere también el antiguo Discurso, tiene en sus manos el principio, el medio y el fin de todo lo que existe, y procede rectamente según su naturaleza, moviéndose por todo el universo (PLATÓN, Leyes, 715 e).
Zeus es el principio, Zeus el medio y de Zeus se derivan todas las cosas. (Antiguo himno órfico, citado en el seudo-aristotélico De mundo, y repetidamente por los neoplatónicos). Zeus es el principio, Zeus es el medio, todo se halla compuesto por Zeus; Zeus es raíz de la tierra y del cielo estrellado (frags. 21 y 21a, en KERN).
Zeus es el Éter, Zeus la tierra, Zeus el cielo, Zeus es el todo, y todo lo que existe más allá de esto (ESQUILO, fr. 70, Nauck, en KERN, 21 a).
Uno sólo es Zeus, uno sólo es Hades, uno sólo es Helios, uno sólo es Dionysos, un sólo Dios es en todos (fr. 239 b, en KERN).
19) Zeus fue el primero, Zeus señor del rayo es el último, Zeus es el comienzo, Zeus es el medio, de Zeus se deriva todo. . . de Zeus fulcro de la tierra y del cielo estrellado, Zeus rey, Zeus primer autor de todas las cosas, es única potencia, único Dios, gran jefe de todas las cosas, único cuerpo real en el que circulan todas estas cosas, fuego, agua, tierra y éter y Metis (sabiduría) primera generación, y el muy deleitable Eros: porque todas estas cosas yacen en él gran cuerpo de Zeus. Su cabeza y su rostro, bellos a la mirada, son el cielo fulgente, alrededor del cual, doradas cabelleras de rutilantes estrellas oscilan admirablemente. . . Sus ojos: el sol y la opuesta luna; mente no engañosa del Dios el inmortal Éter. . . ; hombros y esternón y amplio dorso del Dios, el aire de vasta fuerza. . . sagrado regazo es para él la tierra, madre de todo y las ásperas cimas de los montes; cintura media el henchimiento altísimo del mar; base profunda las raíces de este suelo y el oscuro Tártaro y los extremos confines de la tierra. . . (fr. 168, en KERN: cfr. también el 169, 245 y 247).
20) el dominio del cosmos conferido al principio del orden. — En esto, los antiguos poetas están de acuerdo entre ellos, en lo que se refiere a que el señorío y el mando pertenecen a Zeus, y no en aquello que es primero en el tiempo: la Noche, por ejemplo, o el Cielo, o el Caos, o el Océano (ARISTÓTELES, Metaf., XIV, 4, 1091 b).
La ley universal de justicia.
 — Dios, como quiere el antiguo Discurso, tiene en sus manos el principio, el medio y el fin de todo lo que existe, y procede rectamente. . . para todo el Universo. Lo acompaña siempre Díke, castigadora de los que infringen la ley divina (PLATÓN, Leyes, 715 e). Es la inexorable y venerable Díke, de la cual Orfeo, que nos enseñó los primeros misterios sagrados, dice que se sienta cerca del trono de Zeus para vigilar todas las acciones de los hombres (Ps. DEMÓSTENES, Contra Aristogitón, I, 11).
[Díke cósmica, es una de las varias personificaciones de la ley de necesidad, que los órficos consideran que reina en el mundo. El concepto de Díke cósmica pasa, pues, del orfismo a Anaximandro, a Heráclito y a Parménides.].
21) Primeramente no existían, tierra," agua, cielo. . . . No existían antes de que Eros uniese por parejas α todas las cosas. . . cielo, tierra, Océano (ARISTÓFANES, Aves, ya citado).
22) Orfeo. . . cantó cómo, en el comienzo, la tierra, el cielo y el mar se hallaban confundidos en una sola masa, y cada uno, después de aquella mezcla llena de discordia, fue dividido y diferenciado (Apolonio de Rodas, Argón, I, 615 y ss.).
[Así aparecen diferenciados cuatro elementos: tierra, agua (Océano), aire y fuego (cielo) y dos fuerzas contrarias, amor y discordia.]
Parece que todas las cosas nacen de lo Uno y se disuelven en el mismo (MUSEO, fr. A, 4. en DIELS, Frag, der Vorsokratiker).
Hesíodo narra que primero fue el Caos, después la tierra de amplio pecho. . . y Eros. . . Y con Hesíodo también se halla de acuerdo ACUSILAO (PLATÓN, Simposio, 178 b).
Me parece que Acusilao supone que el primer principio es el Caos, como del todo incognoscible. . . Erebo el macho, Noche la hembra . . . y dice que de su unión fueron engendrados Éter, Eros y Metis, etc. (DAMASCIO, op. cit., 124).
23) La fuerza formadora del cosmos: Eros. Decía Ferécides que, preparándose Zeus para formar el mundo, se transformó en Eros, con el fin de que, al componer el mundo con los contrarios, lo llevase a la concordia y a la amistad e infundiese en todas las cosas la identidad y la unidad que penetra el todo (PROCLO, In Tim. 32 c).
* Los problemas relativos al hombre.
La vida y el problema del mal; la derivación del mal de una culpa:
La idea de un hado ineluctable (o voluntad divina). 
Muy a menudo, los Aqueos me reprocharon y me hicieron este discurso; pero no soy yo el culpable (Agamenón), sino Zeus y el Hado y las Erinnas habitantes del aire, que en la asamblea, me inspiraron en el alma un salvaje enceguecimiento, el día que arrebaté su botín a Aquiles. Pero, ¿qué habría podido hacer? El Dios cumple todo hasta el fin (HOMERO, litada XIX, 85 y ss.).
Dios engendra la culpa entre los mortales, cuando quiere destruir por completo a una familia. (ESQUILO, frag. de Níobe).
Nadie puede huir de los males enviados por los Dioses ( ESQUILO, Los siete sobre Tebas).
¡Ay de mí! ¡De cuántas cosas nos acusan los mortales, a nosotros, los Dioses (Habla Zeus): pues dicen que de nosotros proviene el mal, y en cambio ellos mismos se lo procuran con sus arrogancias contra el hado! (HOMERO, Odysea 1, 32 y ss.).
 [El concepto de que los males derivan de culpas de las que son responsables los hombres, domina después en HESÍODO, Las obras y los días, todo el relato de la culpa de Prometeo (robo del fuego divino) y el del envío de Pandora con la copa llena de todos los males, y toda la historia de las cinco edades, que señalan una decadencia progresiva desde la edad de oro, como consecuencia de culpas crecientes. De tanto en tanto, el concepto de la culpabilidad del hombre se insinúa como tendiendo a ser acogido también en ESQUILO, por quien, sin embargo, ya han sido citadas las afirmaciones de la fatalidad ineluctable al hombre. Otras veces, en cambio, para él, es la culpa humana la que engendra la culpa ulterior: "La acción impía (de los padres) engendra otras semejantes en las generaciones siguientes de su raza" (Agamenón, 759 y ss.). Y también, dada esta producción de culpa por culpa, el hombre tiene la posibilidad de resistir con su voluntad y, por medio de estas inhibiciones, puede salvarse del hado que le incumbe: "Desecha el principio del funesto impulso. . . Porque el demonio, cambiando por el cambio del querer que sucede con el tiempo, pudiera quizá tornarse en viento más plácido" (Los siete sobre Tebas, 687, 705, y ss.)].
El hombre que hace daño a los otros, es el artífice de sus propios males; el mal designio es peor aun para quien lo delibera. El ojo de Zeus ve todas las cosas y todas las comprende, y, cuando le agrada hacerlo, les presta atención, y no le pasa desapercibido qué especie de justicia encierra dentro de sí una ciudad. . . Malo es ser justo, si el más injusto debe tener la preeminencia en el conflicto jurídico. Pero no creo que esta sea la obra del sapientísimo Zeus (ibid. 265 y ss.). La Justicia se sienta cerca de Zeus, su padre, hijo de Cronos y le comunica los inicuos propósitos de los hombres (ibid., 259 y ss.). Y fácilmente da Zeus la fuerza y fácilmente maltrata a los fuertes; fácilmente rebaja al soberbio y fácilmente exalta a quien permanece en la sombra; fácilmente pone derecho lo que estaba torcido y mortifica al arrogante (ibid., 5 y ss.).
Pero uno paga en seguida la culpa, el otro más tarde, y si ellos lo evitan, y no los encuentra el divino hado a su llegada, vuelve en cada caso más tarde: sin su culpa, pagan la culpa los hijos de aquéllos o la generación posterior (SOLÓN, fr. 12, versos 29 y ss.).
[Estos conceptos, aplicados al mundo humano por Hesíodo y por Solón, se convierten después en conceptos cósmicos, con una proyección de la humanidad al universo. Ya en los órficos, como se ha dicho, aparece el concepto de Díke cósmica, y de éstos pasa a los jónicos y a los itálicos. En Anaximandro vuelve a encontrarse también, transferida de! mundo humano al de la naturaleza universal, la representación del tiempo juez, que ya Solón hacía intervenir para pronunciar la sentencia inexorable sobre los hombres],
El misterio del destino insondable al hombre. — El propósito de los Dioses inmortales, se halla oculto en absoluto a los hombres (SOLÓN, fr. 17). Hijo mío, Zeus tiene en sus manos el fin de todas las cosas, y dispone de él como desea. Pero los hombres nada saben; criaturas efímeras, vivimos como bestias en el prado, ignaros de la manera en que la divinidad conducirá a su término cosa alguna. Todos viven sólo de esperanzas y de ilusiones, y su meditar tiende a lo inalcanzable. Vejez, enfermedad, muerte en el campo de batalla o en las olas del mar, alcanzan al hombre antes de que haya logrado su meta. Otros terminan suicidas. Si me atendiesen, no amaríamos nuestra propia infelicidad, y no nos atormentaríamos buscando dolores incurables. (SIMÓNIDES DE AMORGO, frag. 1).
Algo ha dicho, lo más bello, el hombre de Chios (Homero); semejante a las hojas, son los hombres. Escuchan, es cierto, con sus oídos, esta noción, pero no la graban en su corazón. Porque es innata en cada uno la esperanza que crece en el corazón de la juventud. Mientras que se hallan todavía en la flor de los años, los mortales tienen el ánimo ligero y desdeñan muchas cosas inejecutables. Pues ninguno piensa en la vejez y en la muerte y, mientras que se halla sano, nadie piensa en la enfermedad. Necios quienes así piensan y no saben que a los mortales sólo les es concedido un breve período de juventud y de existencia. Pero no lo olvides, y pensando en el fin de la vida, complácete en conceder a tu alma algo agradable (SIMONIDES DE AMORGO, fr. 29).
La visión pesimista: la vida es un mal.
— Ningún hombre es feliz. Abrumados de fatiga están todos los mortales bajo el sol (SOLÓN, fr. 15). De todas las cosas, la mejor para nosotros, seres terrenos, sería no nacer y no ver jamás los rayos vivos del sol; pero, nacidos, lo mejor sería atravesar lo más tempranamente posible las puertas del Hades y yacer sepultados bajo mucha tierra (TEOGNIS, 424 y ss.).
[Esta misma afirmación, de que lo mejor para el hombre sería no haber nacido y, nacido, morir lo más prontamente posible, era atribuida, por una tradición, al mítico Sileno, interrogado por el rey Midas; y los órficos, al repetirla y hacerla suya, le atribuían la significación de que la vida corpórea es una prisión para el alma, una expiación de los pecados (Cfr. ARISTÓTELES, Eudemo, fr. 6 Walzer).
La afirmación de Teognis, pasa después a todo el desarrollo sucesivo de las corrientes pesimistas, con acentuaciones ulteriores. Cfr. SÓFOCLES, Electra, 1010 y ss.: "Morir no es el peor de los males, sino desear morir y no poder obtener tampoco esto". EURÍPIDES, Cresfonte, fr. 449: "Sería necesario llorar, cuando uno nace, por todos los dolores a los que se sale al encuentro, y alegrarse cuando uno muere, porque se libera de los sufrimientos". Heráclid., 592 y ss. y frag. 916: "¡ojalá no haya nada debajo de la tierra! Pues si también allá tuviéramos afanes, nosotros mortales que morimos, no sé hacia dónde podrá uno volverse, pues el morir se cree el más grande remedio para los males".
Con ese pesimismo, se une en los poeta griegos, desde Teognis en adelante la admonición de moderación, resignación y humildad, como consecuencia de la conciencia de la sujeción del hombre a un poder trascendente γ de su inmensa inferioridad. También en las sentencias de los Siete sabios, esta admonición ocupa un puesto central, y, por otra parte, continúa una tradición que ya se origina en HESÍODO].
La admonición de moderación y de mesura.
— ¡Insensatos!, ¡no saben cuánto les atañe el dicho: "la mitad vale más que el todo" y qué bendición se halla en la más vil hierba que la tierra hace crecer para el hombre! (HESÍODO, Trabajos y días, 40 y ss.)·
La más difícil entre todas las cosas es asir la invisible medida de la sabiduría, que lleva en sí, sólo ella, los límites de todas las cosas (SOLÓN, fr. 16). Óptima cosa es la medida (CLEÓBULO). Desde tiempo antiguo … de común acuerdo, consagraron a Apolo, en el templo de Delfos, una primicia de su sabiduría, inscribiendo aquellas palabras que todos celebran: "conócete a ti mismo", y "nada en exceso". . . Esta era la forma de la filosofía de los antiguos, una concisión lacónica (PLATÓN, Protágoras, 343 a). 
El alma y su inmortalidad en los órficos.
 — Hay una antigua doctrina (órfica) que afirma que existen allá (en el Hades) almas llegadas desde aquí, y que desde allá retornan nuevamente hacia aquí y que resucitan los muertos y nacen de ellos nuevos seres (PLATÓN, Fedón, 70 c).
Es menester creer a los antiguos Discursos sagrados, que nos advierten que somos almas inmortales y que tendremos jueces y hallaremos las mayores penas (PLATÓN, Epístola, VII, 335 a).
Ferécides de Siros, fue el primero que afirmó que las almas de los hombres son eternas (CICERÓN, Tuscul., I, 16, 38).
El dualismo de alma y cuerpo en el orfismo: el pecado original y la vida corpórea como expiación.
— Los que celebran la iniciación dicen que el alma paga la culpa y que nosotros vivirnos en expiación de ciertos grandes pecados. (ARISTÓTELES, Protrep., fr., 10 b, Walzer).
Afirman también los antiguos teólogos y adivinos que, por algún castigo, el alma está agregada al cuerpo y sepultada en éste como en una tumba (CLEMENTE de Alejandría, Stromata, III, 433).
Las palabras que se oyen pronunciar en ciertos misterios, de que nosotros, hombres, nos hallamos como en una especie de cárcel, y que de allí no podemos liberarnos por nosotros mismos. . . (PLATÓN, Fedón, 62 b).
Algunos dicen que el cuerpo (soma) es tumba (sema) del alma, ya que ésta se halla sepultada en el cuerpo en que está. . . Pero me parece, también, que Orfeo y los suyos, le han puesto, sobre todo, este nombre (soma), en cuanto el alma expía la pena de los pecados que tiene que expiar, y esa envoltura, especie de una cárcel, la tiene para salvarse (sózesthai), ya que para el alma eso es justamente aquello de lo cual toma el nombre, es decir, un cuerpo (soma), hasta que el alma no haya pagado su deuda (PLATÓN, Cratilo, 400 c.).
[El pecado original en la mitología órfica, es el de los Titanes rebeldes a Zeus, que despedazan y devoran a Dionysos niño. Zeus los fulmina, y con sus cenizas crea al hombre, quien, de esta manera, lleva en si una parte titánica pecaminosa (el cuerpo) y una parte dionisíaca, divina (el alma), que aspira a liberarse de la unión con la otra].
El ciclo de los nacimientos (transmigración) y la liberación de las almas según el Orfismo.
— También Orfeo transmite claramente estas cosas, cuando después de la mítica expiación de los Titanes y la generación por ellos de los mortales vivientes, dice, antes que otras cosas, que las almas permutan las vidas en ciertos períodos y entran muchas veces en distintos cuerpos de hombres: "Los mismos (espíritus) se transforman alternativamente, por el cambio de las generaciones, en padres e hijos en los palacios y en bien ordenadas esposas y madres e hijas". De esta manera, cumplen su transmigración de cuerpos humanos a humanos. . . Además, existe también un pasaje de almas humanas a animales: también esto enseña Orfeo, en términos precisos, cuando determina: "por ello, cambiando según los ciclos del tiempo, el alma de los hombres proviene de otra parte en otros animales: ora se convierte en caballo. .. ora en carnero, o bien aparece como un ave monstruosa o también (con) apariencia de perro y voz grave y (en otras ocasiones) en rastrera generación de frías serpientes, en la tierra divina" (PROCLO, in Rempubl., II, 338 y ss., en edic. Teubner).
[Esta concepción de la transmigración de las almas, que más tarde tomó el nombre impropio de metempsicosis, fue considerada por HERÓDOTO (II, 123), de derivación egipcia. "También esto fue dicho por primera vez por los egipcios, de que el alma del hombre es inmortal, y disolviéndose el cuerpo, penetra cada Tez en otro cuerpo engendrado, porque después de que haya recorrido toda la serie de animales terrestres, marinos y volátiles, nuevamente penetra en el cuerpo engendrado de un hombre, y tal ciclo se cumple en tres mil años. De este mismo parecer son aquellos griegos que, algunos antes y otros después, lo sostuvieron como si fuese suyo; de los cuales yo conozco los nombres, pero no quiero escribirlos". Los griegos acusados aquí de plagio, son, además de los órficos, los pitagóricos y Empédocles; pero Heródoto incurría en error al asimilar la teoría órfico-pitagórica de la transmigración a la creencia egipcia en la posibilidad de la resurrección, de la que se derivaba también el rito mágico de la resurrección animal. En los misterio, egipcios se hallaba vigente, precisamente, la creencia de que el muerto, después del juicio del tribunal divino, ante el cual pronunciaba su "confesión negativa", o declaración de no haber cometido ninguno de los pecados que figuraban en la lista, podía, si resultaba justificado, renovar su vida también en la casa de los vivos, revistiendo, sucesivamente, la forma de cualesquiera de los animales divinos. Pero esta resurrección egipcia es el premio de los muertos y la esperanza de los vivos, mientras que el ciclo de los nacimientos en el orfismo, es una condena en expiación del pecado original, ya que la aspiración de los órficos está dirigida a obtener, a través de las purificaciones del alma, la liberación de la "rueda del destino y de la generación", del "ciclo de los nacimientos y de la miseria"].
"El divino demiurgo, establece el destino de todos según el mérito "en la rueda del destino y de la generación", de la cual, según Orfeo, es imposible librarse sin enternecer a esos Dioses, a los que prescribe Zeus "liberar del ciclo y hacer cesar de la miseria" a las almas humanas. (SIMPLICIO, comentario al De coelo, II, 1, 284). (Las liberan) conduciendo a cada alma a la vida bienaventurada, lejos del errar en la generación, de la que también los iniciados por Orfeo en los misterios de Dionysos y de Core, imploran obtener "ser liberados de la rueda (del destino) y el cesar de la miseria" (PROCLO, In Timaeum, 42 cd).
[La salvación del alma o la liberación del ciclo de los nacimientos, se obtenía, según los órficos, a través de la iniciación en los misterios y la observancia de todos los ritos y las reglas de la vida órfica. Para ellos el alma se purificaba y merecía volver, así, al consorcio de los Dioses inmortales (beatos, bienaventurados), del cual, el pecado la había hecho caer en la vida corpórea de los mortales. Por esto cantaba PÍNDARO de los iniciados en los misterios: "Bienaventurado aquel que después de haber visto estas cosas, desciende a los Infiernos, porque sabe el principio y el fin de su vida" (THRENOI, fr. 137).
Vengo de los puros pura, ¡oh reina de los Infiernos!, oh Eucles y Eubuleo y todos los que sois Dioses y demonios!; porque yo me jacto de ser de vuestra estirpe bienaventurada, y he expiado la pena de las obras no justas, para que no me abatiese la Moira o el Dios lanzador de rayos. Añora vengo, suplicante ante ti, esplendente Perséfone, para que me envíes, benigna, a la morada de los puros (laminilla de Thurios: Cfr. en DIELS, Fragm. der Vorsokr., y en KERN, Orphic. frag.).
En cuanto al camino de la purificación y de la salvación del alma del ciclo de los nacimientos, se halla originalmente constituido, en el orfismo, por la iniciación en los misterios y por la observancia de las normas de la vida órfica; pero a través de este significado ritual, pasa a un significado ético, de elevación espiritual por encima de los intereses materiales y de los bienes corpóreos. Y luego, con los pitagóricos, se pasa a considerar como principal y suprema vía de purificación y de salvación del alma, la iniciación a la ciencia y a la contemplación filosófica (theoría), que también PLATÓN, Fedro, 248, después, coloca en primera línea entre los caminos para alcanzar la beatitud eterna del alma. De esta manera, de las creencias y de los ritos del orfismo, extrae tu primer origen la formación del ideal filosófico de la vida].