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viernes, 27 de noviembre de 2020

Conocimiento y amor en Platón.


 Cuarta sesión del SEMINARIO IBEROAMERICANO DE FILOSOFÍA. México, Argentina, Brasil, Paraguay y España.


Comentarios sobre El Banquete y la alegoría de la caverna (La República, libro VII), ambas obras de Platón.

Parménides y Platón. Ser y pensar.


 Sesión 4/22 del Seminario "La Filosofía como Escuela de Vida" (UPCM, Tres Cantos, Madrid).

domingo, 15 de noviembre de 2020

El ser y el pensar

ES LO MISMO PENSAR Y SER. (1)  

Esquema del tema que trataremos esta semana. 

+ La pregunta fundamental ¿Qué es el ser? 

Los orígenes: Parménides. Estructura lógica de su pensamiento e interpretación de la misma. 

+ Problemas de traducción. 

+ «las doncellas que antes habían abandonado las mansiones de la noche hacia la luz y se habían quitado de la cabeza los velos con sus manos». 

Verdad como  «desocultamiento». 

+ «las únicas vías de investigación que son pensables... que el ser es y no es posible que no sea» (traducción literal).

Los primeros principios lógicos: el principio de identidad y el de no-contradicción. 

+ La clave del poema de Parménides: «pues es lo mismo pensar y ser» (το γαρ αυτό νοείν εστίν τε και είναι). 

+ Características  del ser.   

El ser es la naturaleza (physis). La naturaleza es ‘todo lo que está’ y fuera de la naturaleza no hay nada. 

El universo, según los griegos, no tiene ni comienzo ni fin y eso no quiere decir que sea infinito. 

El ser tiene límites, aunque nada lo limita; él es su propio límite, está cohesionado en y por sí mismo. 

+ Dos términos que aquí no debemos usar: ‘infinito’ y ‘nada’. Tampoco ‘principio’ y ‘fin’. 

+ El ser no es material porque lo material es, precisamente, lo ‘divisible’. El vocablo ‘ser’ como ‘concepto’ o ‘término’. 

El ser es ‘inteligible’(El ‘no-ser’ se conoce a través de los sentidos).

Todo tiene su propia lógica y cohesión basada en la diké (δικέ) —equilibrio, justicia— y en la ananke — (ανάγκη) —, la necesidad. 

+ Los milesios: la arjé y los cuatro elementos o el átomo —lo indivisible—. Parménides: el ‘ser’ y los pitagóricos: la ‘cantidad’. 

+ Comentario de la sentencia parmenídea  «es lo mismo pensar y ser». 

¿Se puede entender  como que solo se puede pensar en lo que es, en lo que está? ¿Es posible pensar en lo que ‘no está’ o lo que ‘no es’ de alguna manera? 

+ Hay una correspondencia entre ser y pensar, o entre conocer y mundo y de ahí no nos podemos salir.  

No existe la realidad en sí. Y en todo caso lo que es en sí no lo conocemos, ni lo conoceremos jamás. ¿Qué es la naturaleza en sí misma sin que nosotros la conozcamos? 

+ Este pensar  constituye la epistéme, la que solo le interesa lo estable, lo inestable y cambiante siempre es anecdótico. 

+ Otra interpretación de la identidad entre pensar y ser (Poema de. Machado).

+ Heidegger  en ¿Qué significa pensar? nos da otra pista.

+ Pensar es buscar el sentido.  Es lo mismo buscar el sentido (pensar) que encontrar el sentido (ser). Somos buscadores de sentido. 

«Ser» también es «fundamento». 

+ Dos facetas de la filosofía: filosofía como epistéme, y filosofía como ‘actitud interrogadora’. 

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 1  Esquema relacionado con el capítulo 1 (pp.19-37) de AGÚERO MACKERN, E. Fundamentos de Filosofía. La pregunta por el sentido. Madrid,  CFE, 2020.

viernes, 13 de noviembre de 2020

Segunda sesión (parte I) del Seminario Iberoamericano de Filosofía.


 Seminario "La Filosofía como Escuela de Vida" (02). Comunidad Filosófica, Tres Cantos, Madrid.
(Primera parte, básicamente mi intervención inicial)

martes, 10 de noviembre de 2020

La pregunta filosófica por el sentido.


FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA. LA PREGUNTA POR EL SENTIDO  (*)
 
Nota preliminar 

La pregunta por el sentido constituye la cuestión fundamental de la filosofía y todo ser humano de una manera u otra debe enfrentarse a ella en algún momento de su vida. Podríamos afirmar, entonces, que el interrogante filosófico fundamental es aquel que se cuestiona acerca del sentido de la existencia humana y de la respuesta que demos dependerá la dirección que vaya tomando nuestra vida. Bien entendido que esta no es una respuesta fija, sino dinámica y que puede cambiar varias veces a lo largo de nuestra existencia. Tampoco es menos cierto que el sentido de esta pregunta irá cambiando en función de las circunstancias concretas que nos toquen vivir. De este modo, en esta ecuación ‘preguntas-respuestas’ iremos concretando -o no- una existencia con sentido.
 
Como fundamento que pueda ayudarnos en esta búsqueda he escogido, para este libro, algunos pensadores clave. Tres de la Antigüedad: Parménides, Platón y Aristóteles, dos de la Modernidad: Descartes y Kant y referencias a autores del pensamiento contemporáneo tales como Feuerbach, Marx, Nietzsche o Freud. Desde el inicio deseo dejar claro que cuando me refiera a los filósofos elegidos no será para explicar sus doctrinas y mucho menos para desarrollar sus filosofías en su totalidad. Digamos que más bien me serviré de ellos para presentar e ilustrar cuestiones fundamentales que están en la base de esta «filosofía para todos» que yo pretendo hacer y, de este modo, ponerla a disposición de aquellos que, con ánimo filosófico, se acerquen a ella movidos por una actitud interrogadora. [...] El trabajo que aquí comparto puede resultar útil como una ‘introducción a la filosofía’ que puede ser entendida por todos (hayan estudiado filosofía o no). También nace como una entusiasta invitación a filosofar ya que aquí encontraréis un material suficiente que provocará vuestras preguntas y reflexiones.
 
Introducción
 
Desde el inicio deseo aclarar que más que como profesor o ensayista estoy aquí como filósofo, lo cual es obvio, pero lo traigo a colación para explicar qué significa para mí ser un filósofo. Y no creo que esto esté de más, porque aclarar qué es ser filósofo nos permitirá avanzar en la cuestión de qué es la filosofía e ilustrar por qué afirmo que es esencial en el ser humano su condición de filósofo. 

En tanto filósofo también soy un portavoz de algo, aunque considero que no tengo la verdad. Y lo digo sinceramente y no como mero recurso didáctico. La única manera de construir la sociedad que queremos es compartir nuestros relatos y verdades provisorias. Y esta tarea es urgente. En esta línea de reflexión será necesario que nos animemos, que no tengamos complejos, ya que el pensar filosófico es distributivo; algo que tenemos que desarrollar entre todos; la verdad es intersubjetiva. [...] Lo que aquí sostengo está avalado [...] principalmente por mis dudas. Los filósofos dudamos seguramente más que nadie porque no debemos ser autocomplacientes con nuestros defectos y carencias, pero tenemos derecho a la esperanza y esto nadie nos lo puede quitar. En una oportunidad, durante una intervención en el Colegio de Morelos, en Cuernavaca (México), dije que en mis clases voy “directo al corazón”; metáfora que aludía a mi predilección por interpelar a mis interlocutores. 

Normalmente funcionamos con un cúmulo de creencias —a veces infundadas— que hemos ido heredando. De lo que se trataría es de convertir esas creencias en ideas, ya que las ideas tienen fundamento. Todos tenemos creencias, aquellas actitudes que, aunque no podemos denominar prejuicios — porque no lo son—, a veces actúan como tales y nos empañan la mirada. Para explicar el mundo tenemos relatos. No se puede privilegiar un relato sobre otro. El mío no es más importante que el de los demás Lo contrario se llama dogmatismo, una manera autoritaria de representar el mundo (aunque se lo haga de un modo aparentemente dialogante). Hay diversas concepciones del mundo (Weltanschaunng); una europea, una tibetana, una incaica, otra australiana... Hoy en día debemos hablar de “relatos”, ya no podemos partir del supuesto de que hay una sola filosofía (philosophia perennis), aquella filosofía a la que se llega al final de la modernidad y que parecía que daba respuestas a todo. 

Debemos pensar el mundo entre todos. Yo presento mi relato y lo someto a discusión. La reflexión y el conocimiento nos hace más libres, nos posibilita construir mejor nuestro proyecto vital. Propongo que pensemos juntos al mundo partiendo de nuestra cotidianidad - de nuestra perspectiva - pero abriéndonos como en capas hacia todo lo que nos rodea. La suma de elementos que conforman nuestra perspectiva constituye nuestra ‘visión del mundo’. Es posible que los lectores y yo coincidamos en muchas cosas porque vivimos en la misma realidad, estamos en el mismo mundo, tenemos características similares y tenemos intereses comunes. Por tanto, nuestra concepción de la verdad está en sintonía con nuestra propia perspectiva. 

A lo largo de la historia, el término verdad ha tenido diversas acepciones. La verdad para Platón era “la esencia de las cosas” y para su discípulo Aristóteles la verdad es “lo que las cosas son”. Para los antiguos y los medievales, la verdad es “verdad ontológica”. Para todos ellos se puede conocer la esencia de las cosas. Esta postura antigua es muy ingenua y parte de la creencia de que la inteligencia humana es capaz de llegar a la esencia de los entes. Actualmente preferimos hablar de significados en lugar de esencia. Y esto implica un giro fundamental. Pasamos de afirmar que la verdad está en las cosas a considerar que la verdad la establecemos nosotros al otorgar significados. Si creemos que hay verdades ya establecidas, fijas, esto nos llevaría a considerar que algún ser superior las habría establecido. El hecho de pensar que hay verdades en sí, en realidad es una postura creacionista. Nos remonta a una inteligencia superior. Muy por el contrario, somos los seres humanos quienes construimos nuestras verdades. Las verdades se construyen por consenso y no me estoy refiriendo solo al aspecto semántico de la verdad, sino también a su sentido ético y por tanto político. 

La verdad no es tanto lo que un relato sustente, sino la praxis a la que ese relato conduzca. El meollo de la verdad pragmática a la que me refiero debe ser el bienestar de los seres humanos. No solo es inadmisible que unos pocos vivan tan bien y la mayoría tan mal, sino que es totalmente inmoral. Por tanto, todo lo que va orientado a la liberación del ser humano de ataduras, tanto materiales como ideológicas, está en el camino de la verdad. Y el objetivo de la liberación define la verdad ‘real’ y necesaria, lo que nos abre nuevos horizontes en la búsqueda de la verdad. La verdad no es algo ideal o teórico, sino que forma parte de la vida y de sus circunstancias. 

Me viene a la mente Descartes quien afirma que las fuentes del error son la “precipitación y la prevención”. Si vemos la realidad siempre bajo el prisma de nuestros prejuicios no podemos avanzar. Hay que aprender a liberarse de esos prejuicios: ‘desaprender’. Someter a revisión aquellas creencias que nos obnubilan y que nos llevan continuamente a prejuzgar en lugar de intentar conocer espontáneamente. La filosofía nos facilitará la tarea de liberarnos de los prejuicios.
 
Lo que pretendo al escribir estas páginas es mostrar un rostro de la filosofía que, no solo es un rostro amable, sino un rostro comprometido y generar con ello la convicción de que realmente la filosofía libera. Mejor dicho, cualquier conocimiento libera, aunque lo peculiar de la filosofía es que esta debe abordar estas cuestiones como tarea prioritaria. 

[...] Es frecuente oír que en nuestra época ya no hay filósofos. Y dependiendo del sentido de esta extendida opinión, yo digo ¡menos mal! Hay cierto tipo de ‘filósofos’ que son completamente prescindibles. La gente cree que un filósofo es un ‘iluminado’ que inventa filosofías y sistemas filosóficos. Sin embargo eso nunca ha ocurrido y por fortuna nunca ocurrirá. Los filósofos no inventamos nada, solo somos ‘portavoces’ de la problemática de la época en que nos toca vivir. Y lo que comuniquemos como tales, solo tendrá sentido si nuestros interlocutores, en cierto modo, ven lo mismo y por tanto nos entienden. Enseñar es ‘enseñar en el sentido de señalar’. Los que nos dedicamos a ver, a observar, a atar cabos y a contar, no inventamos ningún sistema filosófico.
 
[...] Tenemos que ir a las cosas mismas haciendo abstracción o dejando de lado aquello que nos distrae. Es necesario poner entre paréntesis lo que sabemos de antemano que no tiene solución. Buscar el origen del mundo, o si hay otra vida, o si existe Dios, son cuestiones inevitables —como afirmaría Kant— y nos asaltan de vez en cuando y de modo sorpresivo. Pero esta petición de principios nos complica la vida, por tanto debemos escapar de este bucle y centrarnos en lo concreto e inmediato, al menos como punto de partida. Y a partir de ahí tendrán sentido para nosotros las preguntas de Kant: ¿qué puedo saber? ¿qué debo hacer? ¿qué me cabe esperar? ¿qué es el hombre? Preguntas que aún no han sido satisfactoriamente respondidas. Nos interesa saber quién es el hombre, pero no el hombre ‘en general’, sino el ser humano que somos nosotros mismos. ¿Quién soy yo? - este primate extraviado- que comenzó en un momento de la evolución a tener proyectos e ilusiones, a crear dioses e inmortalidades-. Esto es lo que nos interesa desentrañar. De aquí debemos partir para encontrar respuestas. 

La filosofía nació en Grecia como ‘escuela de vida’. En sus comienzos, era una forma de vida; sin embargo, desde mediados del siglo XIX la filosofía en una buena medida se convirtió en ‘filosofía académica’, en investigación erudita y especializada que, muchas veces, nada tiene que ver con los problemas del hombre concreto ni con la vida real de las personas. Triunfó el academicismo y esta situación se mantiene hasta nuestros días de una manera cada vez más notoria. De ahí que el filósofo, si verdaderamente quiere ser tal, debe abandonar los claustros y salir a la calle. 

Hablo de filosofía como escuela de vida en tanto entiendo que la filosofía nos tiene que servir para orientarnos en la vida, ya que si estamos informados podremos vislumbrar hacia dónde vamos. Para lo cual es menester hacer un alto en el camino y, en un ejercicio de prospectiva filosófica, asumir el pasado y orientar nuestro presente. [...] Es menester poner todo ‘en tela de juicio’, en un profundo ejercicio de duda metódica cartesiana. La filosofía no es algo abstracto. No está en las nubes, sino más bien en las raíces ya que siempre tiene que ver con las realidades sociales, políticas y económicas de una época. Todo ello en coherencia con mi convicción de que la filosofía debe salir de los claustros y aceptar el reto de interpelar al ciudadano común. [...]  La filosofía tiene que salir en busca de la gente porque la sociedad necesita de la filosofía. [...]

La filosofía debe ser subversiva. No solo nuestra sociedad está en crisis; también lo están nuestro mundo, nuestra civilización y el planeta. Millones de personas mueren de hambre y de sed. El cambio climático ya se ha producido y si no reaccionamos, en pocas décadas se habrá consumado la catástrofe Hay que subvertir el orden establecido, cambiar el mundo. Y para esto es necesario desaprender, porque lo que hemos aprendido muchas veces es un freno o un obstáculo para poder avanzar. Me refiero a la necesidad de poner en cuestión todo lo aprendido hasta ahora, para poder identificar lo que hemos asimilado de una manera ‘acrítica’ y quizá de un modo dogmático. Y esta actitud no es tanto un ejercicio de duda metódica sino un tamizar nuestra filosofía personal y nuestras convicciones, aplicándoles la ‘prueba de la realidad’. 
Las verdades no son solamente enunciados teóricos, sino que deben plasmarse en hechos transformadores de la realidad y al servicio de una praxis liberadora. Mientras no estemos dispuestos a cambiar, no se podrá evolucionar hacia situaciones mejores. En tanto filósofos debemos ser incómodos, debemos cuestionar. Más que dar respuestas se trata de plantear preguntas. 
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(*) AGÜERO MACKERN, Eduardo, Fundamentos de Filosofía. La pregunta por el sentido, Tres Cantos, CFE, 2020. (Extracto de las primeras página de este libro, pp. 9-18)

sábado, 7 de noviembre de 2020

La filosofía y la actual crisis global

La filosofía se hace cargo de la actual crisis de nuestra sociedad (*)

Una crisis es en realidad una periodo de cambio y todo cambio abre un amplio abanico de posibilidades y nos da la oportunidad de abrir nuevos derroteros.

Toda crisis implica una situación de cambio y catarsis que provoca la necesidad de pensar. Cuando se interrumpe la vida normal (un divorcio, entrar en el paro, un cambio de trabajo, la desaparición de un ser querido …) se abre un periodo nuevo y es la oportunidad de realizar cambios en nuestra vida. Aunque a veces optamos por replegarnos en vez de enfrentar la situación y adoptamos una actitud pasiva al no asumir nuestra responsabilidad, cargando todas las culpas al Estado o a otras instancias abstractas. Es así como muchas personas se sumen en el pesimismo y el desaliento, no porque quieran sino porque el propio entorno las empuja. Están faltos de motivación tanto personal como socialmente. En España el "estado mental social" nos determina aún más que el estado mental personal y esto nos lleva a una filosofía equivocada en la que prima el miedo al fracaso. Y si este miedo es generalizado y se convierte en endémico, nuestro futuro se ve seriamente comprometido.

Ante esta situación es necesario diferenciar entre "nivel de vida" y "calidad de vida". Hay que reducir el nivel de consumo (consumo responsable) ¿Cuántas cosas que compramos nos producen verdadera satisfacción? Reducir el consumo no tiene por qué significar un descenso en la calidad de vida, sino que puede resultar todo lo contrario. Es urgente, entonces, profundizar en la pedagogía de la austeridad.

El inicio de este siglo fue testigo del incremento de los precios de las materias primas tras su abaratamiento en el período 1980-2000. Pero en 2008, este incremento  —particularmente, la subida del precio del petróleo — aumentó tanto que comenzó a causar verdaderos daños económicos generalizados, sobre todo en el Tercer Mundo.

En España la crisis ha surgido, como no podía ser de otro modo, por estos factores y ante esta situación todos piensan en seguir haciendo lo mismo que antes. Sin embargo hasta que no se cambie de mentalidad (de filosofía) no se abrirán nuevas perspectivas. 

Una de las principales consecuencias que tiene la crisis sobre la economía española es el fuerte crecimiento del paro. Durante el 2008 un gran número de empresas presentaron expedientes de regulación de empleo. El sector de la construcción fue uno de los más perjudicados debido al fin del boom inmobiliario y a la posterior caída de las ventas. Los efectos de la crisis económica también han tenido un fuerte impacto en el sistema financiero. Los impagos de numerosas empresas y particulares, junto a la mala gestión, ha llevado a la intervención de algunas entidades financieras por parte del Estado. La crisis también se dejó notar de una manera notoria en el funcionamiento de los servicios públicos: principalmente la sanidad, la educación, el sistema judicial, las políticas de vivienda, etc. 

En febrero de 2008 la inflación subió a niveles históricos en todo el mundo, sin embargo en 2009 el problema fue el inverso: el panorama económico apuntaba a la deflación, lo que llevó a fijar el tipo de interés  prácticamente en el 0%. Actualmente estamos en tasas de interés negativo. 

Mientas escribo estas líneas estamos próximos (a finales de octubre de este año) a la consumación de la segregación definitiva de Gran Bretaña de la Unión Europea (el llamado “Brexit”). Y aún no se sabe si será una salida pactada y respetando la normativa europea –que también había firmado el Reino Unido- o se impondrá una salida abrupta y sin acuerdo. Esta última alternativa, según los especialistas, tendrá unas consecuencias  catastróficas, no solo para los ciudadanos británicos, sino para toda Europa. 

A este panorama habría que añadir el fracaso de la política, la corrupción de la misma y la profunda crisis ecológica que nos aboca al cambio climático y al calentamiento global.

La causa principal de la crisis debemos encontrarla en el propio sistema económico internacional imperante, que se destruye a sí mismo y constituye una peligrosa maquinaria aniquiladora de consecuencias imprevisibles y que pueden ser catastróficas si no ponemos remedio a la situación que produce tantos desequilibrios en la sociedad y tantas desigualdades entre las personas.  

Períodos de crisis como estos, forman parte de la propia dinámica del sistema capitalista que no se detiene ni ante el hambre de millones de personas ni ante la destrucción del equilibrio natural del planeta. La inmensa mayoría de pobres que hay en el mundo siguen viviendo en la condiciones miserables que lo han hecho hasta ahora sin ser conscientes de que cuando les llegue la resaca de la crisis del mundo rico, sus consecuencias se verán reflejadas en una menor expectativa de vida, aumento de las enfermedades y creciente mortandad infantil. Lo cual significa que para la mayoría de la humanidad la crisis se traducirá en desolación y muerte. 

La crisis actual debemos interpretarla en clave de irresponsabilidad e insolidaridad, en muchos casos, responsabilidad culpable, criminal y suicida al mismo tiempo. Baste solo hacer un repaso de los sueldos de los altos ejecutivos de la banca y de las multinacionales, cuyos contratos blindados y su inmoral reparto de beneficios evidencian enormes injusticias, cuando en sus mismas empresas se están recortando personal y salarios mandando trabajadores al paro, sin salida a corto plazo. 

Llegados a este punto, hay que aclarar que solo he delineado las características principales de la actual crisis en el aspecto económico, y sin embargo he apuntado apenas sus consecuencias en otros ámbitos de la vida personal y social. 

Propuestas para el debate

El consumo responsable, fomentar nuevos hábitos de alimentación y de actividad física, la economía sostenible, las energías renovables, la reforma profunda del sistema educativo, la eficacia del sistema sanitario. la urgente y necesaria reforma del sistema judicial y el funcionamiento de la justicia. Propiciar la vuelta al campo y a las pequeñas ciudades, la vivienda de alquiler, los cultivos ecológicos...

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* Ver: AGÜERO MACKERN, Eduardo, Filosofía y Terapia, Visión, Madrid, 2019 (pp.73-76).


miércoles, 4 de noviembre de 2020