sábado, 23 de julio de 2016

"Me falta la alegría". Una entrevista que interpela.

Ayer Cristina S. Barbarroja  publicaba (*) una interesante entrevista a Fernando Savater que, según mi criterio, “interpela”. O, por lo menos, me interpela a mí y quizá al publicar mi breve reflexión a algunos cuantos más.
No he podido evitar identificarme (existencialmente) con este filósofo con quien, aunque he disentido en algunas ocasiones, coincido en edad y querencias - incluidas aquellas por la filosofía, la literatura, la política, la docencia...  
Como él, también yo he hecho todo “desde la alegría” y coincido plenamente en que la actitud filosófica consiste en plantear interrogantes más que en dar respuestas. Asimismo me reconozco en su crítica al academicismo, en su capacidad de reírse de sí y en su escepticismo (aunque yo defiendo un escepticismo esperanzado).

“He chocado con muchas ideas recibidas porque siempre he defendido el sentido común, que es un concepto muy revolucionario y no tan común como podría creerse”. La filosofía es una forma de convivir con las preguntas, no de responderlas definitivamente. No creo que un simple mamífero de un pequeño planeta del extrarradio universal pueda entender alguna vez el Cosmos. La simple pretensión es risible”. 
También he sido “un revolucionario sin ira” como él dice, en la medida en que nunca opté ni justifiqué la violencia como vehículo político. Sin embargo no deseo llegar a ser “un conservador sin vileza” como aspira el entrevistado. Sigo siendo revolucionario (revolucionario del siglo XXI).
Destaco la cita de Santayana que trae  a colación: “la religión es una poesía en la que se cree y la poesía, una religión en la que no se cree”.
“Educar no es formar empleados, sino crear ciudadanos". Impecable.
Savater termina con esta sentencia abrumadora:“no quiero morirme, pero ya no tengo ganas de vivir”. 

¿Qué diría yo ante semejante paradoja? - Que siento que no me importaría morir aunque tengo ganas de vivir. Pero aclaro. Lo que quiero decir es que no temo a la muerte porque, como diría Neruda, “confieso que he vivido”, pero también amo la vida aunque quizá lo que ahora deseo es vivir pero “vivir de otra manera”.


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