lunes, 3 de febrero de 2014

Carlos París, hasta siempre amigo. (Por Pedro Moreno Brenes)

  





Carlos París Amador (Bilbao,1925) ha muerto el pasado 31 de enero. Carlos fue muchas cosas en su larga y fructífera vida, pensador riguroso, catedrático de Filosofía en la universidad desde los 25 años, novelista y presidente del Ateneo de Madrid, reelegido hasta completar cuatro mandatos en activo a la fecha de su fallecimiento. Como persona comprometida con la causa de la democracia y de la justicia, fue un activo crítico del franquismo y militante comunista, siendo candidato al senado por el PCE en las elecciones generales de 1979 con un notable apoyo popular.

Pero además de todo eso Carlos era una persona entrañable, y no lo digo de referencia sino por un contacto directo, que aunque esporádico, siempre estuvo presidido por una estima mutua y desde luego por una admiración manifiesta por mi parte hacia su enorme talla intelectual y humana.

Tuve la enorme suerte de que nuestro común amigo, el profesor Eduardo Agüero Mackern, me hiciera el honor de presentármelo para pasar una grata velada en Madrid, culminada en su acogedora casa, donde no podía creer que estaba hablando de lo divino y de lo humano con una persona a la que había leído y de la que había aprendido muchas cosas. Una larga noche de conversación en la biblioteca de Carlos París te ayuda a comprender mejor el enorme mérito de esas generaciones de pensadores y profesores, que con muchos menos medios y con Franco y los suyos haciéndoles la vida imposible, fueron capaces de construir obras sólidas a la par que se dejaban la piel para ayudar a que la democracia existiera en España. Mantuvimos el contacto por teléfono y por email y hace pocos años Carlos y su admirable pareja, la jurista y líder feminista Lidia Falcón, pasaron unos días en Málaga y eso permitió que de nuevo, y esta vez con Trini y los niños, pasáramos una divertida cena, pescaitos fritos a tope, donde Carlos no paró de contar anécdotas de su larga vida académica; los niños alucinaban ante una figura de las que alguna vez les había hablado y que ahora jugaba y charloteaba con ellos junto a Lidia, un encanto de persona a la vez que una de las primeras juristas que defendió la reforma del derecho de familia para dignificar la condición jurídica de la mujer en España.


No es el momento de hablar de sus obras y su esencial papel en el pensamiento español contemporáneo; otros lo harán con más solvencia y a ellos me remito. Siento mucho la pérdida de Carlos y le traslado a su familia y allegados el pésame, pero me quiero quedar con esa imagen de sabio con larga cabellera, tan abundante como su sabiduría y bondad.

Pedro Morenos Brenes


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