jueves, 27 de marzo de 2014

Caminos en el bosque (por Mónica Santamaría)

¡Por fin paso al tema tres!
Los claroscuros de la existencia humana... Pero me encanta la introducción que nos hace pensar más en "los claros", y así desde esos "claros" tienen sentido "los oscuros".
Me viene ahora la imagen del bosque, con sus también "claroscuros". A veces hace más frío, y una agradece el rayo de sol que llega desde lo alto. (Por cierto, si alguna vez vais a Cantabria, hay un bosque de sequoyas precioso en un pueblo que se llama Cabezón de la Sal). Otras veces nos alegramos de los claros, que nos regala el bosque. Y los árboles también nos protegen del extremado sol y de la desertización.
Me alegra que se hable más de los claros, en este capítulo. De la felicidad como sentido de la vida. De la felicidad como una casi obligación o deber ético. Si una/o es feliz, va a hacer bien a su alrededor. Si no, es mucho más difícil.
Me gusta la idea de felicidad como fotos de instantes cotidianos, sencillos. Y me parece de lo más interesante, porque es una herramienta o técnica que se utiliza en Inteligencia Emocional para cultivar aquellos sentimientos que una/o quiere cultivar.
Si decides que es la felicidad, te vas fijando en tu vida cotidiana, te sientes feliz, haces una foto en tu cabeza del momento (quién estaba, dónde, qué se oía, cómo te sentías, etc) y las vas guardando en alguna parte de tu cuerpo, o escribiéndolas en un cuadernito. Cuando no estás tan feliz, puedes recordar y evocar esos momentos, trayendo ese sentimiento, y además da muchas pistas, cuando tienes muchas escenas, de qué cosas en concreto a cada uno/a nos hacen felices. Yo lo estuve trabajando día a día durante seis meses, ( la felicidad fue el sentimiento que elegí cultivar en mi vida en esos momentos, pero puede ser cualquier otro, serenidad, ternura, valentía, etc.) y me dio muchas pistas. Aparte de que efectivamente estaba cultivando desde la semillita mi propia felicidad, que hoy ya anda más crecida.
También estoy de acuerdo en que la felicidad no es algo individual, que pasa por el bienestar y por la felicidad de otros/as, y mientras haya cualquier tipo de opresión, explotación o abuso no va a ser posible. Creo que ponerse en camino para luchar contra todo esto da mucha felicidad.
                                                       
                                                                               Mónica Santamaría



1 comentario:

  1. Permíteme, amiga Mónica, continuar tus reflexiones con algún comentario.
    Dices muy bien, y estoy totalmente de acuerdo contigo:

    “También estoy de acuerdo en que la felicidad no es algo individual, que pasa por el bienestar y por la felicidad de otros/as, y mientras haya cualquier tipo de opresión, explotación o abuso no va a ser posible”.

    Me atrevería a preguntar: ¿Cómo se consigue eso? Y me contesto a mi mismo con algunos retazos sacados de la lectura-para mí siempre apasionante-de su magnífico “Pequeño tratado de grandes virtudes” de Comte-Sponville.

    En el capítulo dedicado a la generosidad, hace referencia a una opinión de Descartes sobre esta virtud: “Los que son generosos de esta manera están predispuestos a hacer grandes cosas, pero no a acometer nada de lo que no se sientan capaces. Y porque consideran que no hay nada más grande que hacer el bien a los otros hombres y despreciar su propio interés, son siempre perfectamente corteses, afables y serviciales con todos. Y de esta forma son enteramente dueños de sus pasiones, en especial de los deseos, de los celos y de la envidia….” Y añade:”La generosidad es lo contrario del egoísmo, como la magnanimidad lo es de la mezquindad. Estas dos virtudes solo forman una, lo mismo que estos dos defectos”.

    ¿No sería este estado que describe Descartes, precisamente la felicidad? En mi ya larga experiencia de vida, puedo afirmar sin el menor género de duda, que el ayudar a los demás; el estar a su lado en todo momento, y mucho más-pero no solo-en los malos ratos; el escuchar con toda atención cuando te están contando algo personal, bueno o malo, no importa; cuando recurren a ti para resolver una duda; en fin, el darte a los otros, es una forma segura de ser feliz. ¿Para siempre? Posiblemente no; pero cuantas más veces te encuentres en las situaciones que cito, más ocasiones de ser feliz tendrás, por lo que a la postre, no serás feliz continuamente (ni falta que hace, añadiría yo) pero serán tantos los momento felices que abarcaran la parte más importante de tu vida.

    Termina este capítulo sobre esta virtud, con el siguiente texto: “La generosidad nos eleva hacia los otros, podría decirse, y hacia nosotros mismos en tanto nos liberamos de nuestro pequeño yo. El lenguaje nos advierte que quien no es completamente generoso es ruin, cobarde, mezquino, vil, codicioso, egoísta, sórdido…. Y todos nosotros lo somos, pero no siempre ni del todo: la generosidad es lo que nos separa de eso, o, a veces, nos libera.


    Señalemos por último que la generosidad, como todas las virtudes es plural, tanto en su contenido como en los nombres que recibe o que sirven para designarla. Unida al valor, puede ser heroísmo: Unida a la compasión, se convierte en benevolencia. Unida a la misericordia, en indulgencia. Pero su nombre más hermoso es uno que todo el mundo conoce: unida a la amabilidad, se llama bondad”.

    ¡Qué forma más preciosa de describir esa virtud que cuando la ejercemos nos convierte casi en divinos!

    Recibe un fuerte abrazo de tu compañero, Francisco.

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