martes, 11 de marzo de 2014

Una terapia para cuerdos (Por Guillermo Marcaro Llinas)

Esta intervención no pretende más que compartir un comentario personal a la exposición núm. 1 de la guía del curso.
En primer lugar decir que pienso que efectivamente, la filosofía puede ser un medio para ayudarnos a vivir mejor. Es decir, el conocimiento filosófico puede ser utilizado como terapia para conseguir una vida más feliz.
Y es que todos estaremos de acuerdo en que la filosofía de vida que cada uno tenga puede ayudar a afrontar mejor las diferentes situaciones en la vida que nos podemos encontrar, o por el contrario, puede ser un obstáculo más que impida superarlas con satisfacción.
Me refiero a que cada persona reaccionará de forma diferente cuando se tropiece en su vida con un divorcio por ejemplo, o con una muerte de un ser querido, o con las malas notas de un hijo o con una infidelidad de su cónyuge. Esa reacción diferente dependerá de la concepción del mundo y de la vida que tenga el sujeto. Pues bien, aquí entra la filosofía como terapia, que deberá servir para modular esa visión de la vida para conseguir que esos obstáculos se lleguen a superar de la mejor manera posible.
Así, ser filósofo consistirá en encontrar los mecanismos para conseguir resolver esos problemas de forma satisfactoria, que nos haga más fácil la existencia y nos ayude, en definitiva, a ser más felices.
Por eso la filosofía debe ser propia de cada uno, porque la existencia, la vida, es propia de cada persona. Así el filosofo terapeuta lo que debe pretender es ayudar a la gente a conseguir una filosofía propia que le ayude a vivir mejor, a conseguir afrontar los problemas de la mejor forma posible, pero en ningún caso, imponiendo dogmas y formas de pensar, sino precisamente ayudar a crear un pensamiento propio, una filosofía propia superadora (y no creadora) de problemas.
Para esta labor nos podemos ayudar de lo que han dicho de los grandes pensadores, los filósofos ilustres, pero también de la sabiduría de la experiencia propia.
Por ello y con esta finalidad terapéutica, la filosofía adquiriría una vertiente práctica y útil, ayudando a comprender mejor el mundo que nos rodea y orientando nuestra manera de ver nuestra vida para sufrir menos y acercarnos más a la felicidad.
En esta filosofía práctica de carácter terapéutico, el diálogo juega un papel esencial, que se convertirá en el medio principal para hacer de la filosofía una terapia vital positiva, porque, precisamente mediante el diálogo, se compartirá y comunicará esa terapia.
Por último, decir que la filosofía, entendida como terapia, no tiene nada que ver con las terapias derivadas de la psiquiatría o de la psicología, que son terapias pensadas para gente "enferma" y para gente con problemas mentales, con todos los respetos obviamente para estas personas. En cambio la terapia filosófica es una "terapia para cuerdos", para gente sana. Por ello todas las personas pueden someterse a terapia filosófica porque lo que pretende es simplemente mejorar la vida, ayudando a crear un pensamiento propio positivo de vida. 

                                                                             Guillermo Mascaro Llinas

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