lunes, 18 de agosto de 2014

Reseña y conclusiones del III Encuentro Filosófico de Navalafuente.

La razón no puede florecer sin esperanza. La esperanza no puede hablar sin razón” (E,Bloch)

Yaneyre, Rocío, Eduardo, Karla

Karla, Miguel, Vicky, Juan Antonio
Juan Antonio, Pilar, Javier











En esta ocasión se integraron a nuestro grupo dos nuevas amigas: Mónica y Karla. Y recibimos la visita de Vicky, Pilar, Miguel y Javier. De  los más habituales asistieron: Arantxa, Rocío, Juan Antonio, Javi, Yaneyre, María Victoria y Eduardo. Al no poder asistir, Alex y Francisco nos enviaron su aportación escrita que leímos durante la reunión. En todo momento estuvo presente el recuerdo de nuestro amigo el filósofo Carlos París -fallecido el 31 de enero de este año - quien había participado en nuestro encuentro anterior y al que rendimos un entrañable homenaje.

La 'sabiduría' como vía para vivir mejor y feliz, fue el primer tema que tratamos esa tarde. Más allá del discurso academicista, es necesario comprender que la verdadera sabiduría es aquella que nos convierte en seres inteligentes emocionalmente y nos permite aprovechar lo que aprendemos a nuestro favor. El conocimiento nos hace libres, el saber nos libera de todos esos miedos que nos bloquean y no nos permiten actuar. Es frecuente considerar que poseer muchos conocimientos académicos y tener carreras universitarias es fundamental para "triunfar" y ser feliz. Pero en nuestro análisis no nos referíamos a este tipo de saber, sino a un conocimiento y sabiduría que han de contribuir a nuestra realización como personas. La sabiduría como motor vital. .

Como es natural no llegamos a una conclusión definitiva, sino que la cuestión  quedó abierta para próximos reuniones en las que se tratarán algunas de las claves que aquí salieron en mayor profundidad. Aún así quedó claro que entender la sabiduría como mera información no es lo que buscamos. Necesitamos saber vivir y para ello es fundamental poseer una clase de conocimiento que nos proteja del miedo a la incertidumbre y que nos permita ver el día a día como nuestro proyecto primordial, una sabiduría que nos aleje de la esclavitud a la que nos someten las estructuras de poder. Una sabiduría que nos ayude a ser justos y nos permita ser libres.

Apenas sin darnos cuenta pasamos al segundo tema 'moralidad o complicidad'. Un asunto que da para mucho, pues es muy difícil delimitar nuestro grado de responsabilidad ético-moral ante las cosas que ocurren a diario en nuestra sociedad y en el mundo. Desde el principio estuvimos de acuerdo en que es fundamental admitir nuestra parte de responsabilidad y bregar por el cambio partiendo de nosotros mismos. En este punto recordamos ideas sobre la moralidad de pensadores como Bertolt Brecht, Descartes, Kant o Aristóteles.  La necesidad de encontrar un modo de luchar contra las estructuras perversas que generan esto fue lo que despertó nuestro mayor interés. Estuvimos de acuerdo de que es necesario un cambio que nos permita confiar en la posibilidad de la igualdad, la justicia y la paz.

Todos en mayor o menor medida somos responsables de la situación actual. En nuestro análisis estuvimos de acuerdo en aceptar que los cambios deben surgir desde abajo, pues cuando el sostén de las estructuras que manejan nuestro mundo globalizado se mueve, lo de arriba debe cambiar o caer, al no haber nada que lo soporte. Es necesario alcanzar un alto nivel de compromiso moral para que este se haga visible al resto y acabemos de convencernos de que la idea de un mundo mejor no es una simple utopía. No debemos ignorar lo que ocurre a nuestro alrededor esperando a que venga otro y lo cambie, cada uno de nosotros con pequeños detalles puede ayudar a ir socavando los cimientos de esas estructuras que nos engañan, alienan y oprimen. Es menester reeducarnos en la esperanza de que un nuevo mundo es posible. El cambio debe partir de nosotros mismos, no debemos ignorar lo que sucede a nuestro alrededor y no debemos creer que lo único que podemos hacer es manifestarnos en la calle, sino también en nuestros hogares, en el barrio, en nuestros puestos de trabajo. Tenemos que reinventar nuestro modo de vida. Cambiar ese pensamiento que nos hace ver lejanos los problemas ajenos y nos lleva a creer que estos nunca nos afectarán de manera directa. Somos seres individuales pero nuestro comportamiento individual influye muchísimo, aunque no seamos de demasiado conscientes de ello, en el comportamiento colectivo.

Tenemos que abandonar la actitud de creer que no podemos hacer nada para que cambien las cosas. Está claro que lo que hagamos hoy no tendrá un resultado inmediato, pero podremos dejar una herencia para los que vienen detrás. Que encuentren un mundo mejor que el nuestro. Digamos adiós al conformismo y demos la bienvenida a un pensamiento y a una sabiduría práctica que contribuya a la regeneración de nuestra sociedad.

Mi actitud vital: soy un creyente con esperanza pero sin fe” (C. París)

(Esta redacción está basada en las notas que ha tomado Yaneyre Martínez McDonald. Vaya nuestro agradecimiento por esta tarea). 

Yaneyre, Javi y Mónica


Miguel, Karla, Arantxa


Pilar, Javier, Rocío, Eduardo, Karla, María Victoria

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